Cuidar el buen crédito

Frederich Bergés
Frederich E. Bergés

Uno de los aspectos más importantes para el éxito personal y empresarial es cuidar el crédito que se logra obtener, de manera que siempre pueda tener puertas abiertas frente a oportunidades y necesidades.

Esto se logra en base al cumplimiento estricto de las condiciones del crédito pactado, incluyendo su repago a tiempo. Esto mismo sucede con los países, donde es obligación de cada gobierno cuidar el crédito público frente a nacionales como a extranjeros.

En el caso de República Dominicana, a pesar de llevar a cabo políticas de presupuestos deficitarios por más de dos décadas y carecer de una base amplia y sólida tributaria, su capacidad de crédito es aún bien apreciada por inversionistas, agencias calificadoras de riesgos, bancos y entidades internacionales de crédito. Este año 2026 nuestro país goza de una clasificación BB de la agencia S&P Global, así como con una Ba2 de la agencia Moodys; ambas calificaciones son muy buenas.

Otra señal del buen crédito es la emisión reciente por 2,750 millones de dólares en bonos soberanos a 8 y 12 años. La demanda de estos bonos por parte del mercado internacional superó por mucho lo requerido ascendiendo dicha demanda a más de 7,200 millones de dólares.

Las tasas de interés de dichos bonos reflejan una baja percepción de riesgo. Sin dudas la debacle en el mercado de títulos hispanoamericanos ayudó mucho a esta colocación por las pocas alternativas de calidad disponible.

Pero el buen crédito es un elemento que hay que cuidar con celos y consistencia. Para nuestro país eso significa que en algún momento en el futuro cercano República Dominicana tendrá que mostrarle al mundo financiero su disposición de ejecutar los cambios requeridos para mantener su actual estado de estabilidad macroeconómica.

Ello conlleva ejecutar la verdadera transformación en el sector eléctrico, eliminando el debacle de la distribución y fortaleciendo la transmisión. Cerrar brechas fiscales eliminando la enorme evasión y elusión existente. Transitar hacia presupuestos de menos dispendio y corrupción, para unos de mayores inversiones. En fin, la receta es harta conocida. Implementémosla cuanto antes para poder preservar el buen crédito del país.