Cucarachas
Los políticos corruptos son como las cucarachas: están en todo el continente. Desde el lugar que ocupo en la sociedad, siento asco aunque no pueda aplastarlas.
Y me sorprendo de ver a otros que le reprochan su existencia, a veces con temor, rabia, y ganas de gritar. Pero, no sienten el espanto de este horrible ser.
La miseria material de las masas se anida en casi toda su entorno. Si no existieran estas cucarachas, posiblemente se podría sortear otra suerte de vida y mejorar la situación de esta mayoritaria parte de la población.
Los políticos impiden que se mantenga limpia la vida social. Por ello, la corrupción política está en dependencia directa con la magistratura, que hace lo contrario de lo que su verdadero rol le atañe: controlar todas las formas de corrupción. ¿Pero es la corrupción la que controla la Justicia?, ¿en qué momento se facilita la acción corruptora?
La corrupción es una alta politización del Estado. Es cuando se llega al extremo de la partidocracia, o lo que es lo mismo, el gobierno de los partidos.
Porque, los partidos, así como el Estado, llegan a tener una fuerte presencia y control de las diversas actividades económicas de la vida social.
Se tiene una antipatía extrema hacia las cucarachas, y también fobia. Ocurre con los políticos corruptos, por extraño que parezca, el miedo se torna en costumbre.
Inequívocamente los hechos demuestran que donde hay cucarachas no hay empleos, ni equilibrio, ni rumbo, a diferencia de los “antihéroes nacionales” que se caracterizan por el lujo excesivo.
Una sociedad infestada de cucarachas es siempre pecaminosa, indiferente, peligrosa y sucia.
La delincuencia es el mayor efecto de la corrupción pública. ¡Y los políticos siempre quieren acabar con la delincuencia, la pobreza, la ineficiencia! Y lo que se logra es solo esto: encima de todo eso están las cucarachas.
Hay cucarachas en todas partes. Y de seguro habrá más en el futuro, mucho más que las que existieron en el pasado. La tarea nuestra es “sacar a la luz” esta cuestión y sancionar a los políticos corruptos para que no dirijan nuestra industria.
Pero eso no podrá verse, si todavía persiste el desequilibrio institucional del gobierno, ya de forma ancestral.
El caos en el Estado es una de las primeras causas de la violencia.
Ya volveremos al análisis de la corrupción política. Y de cierta impunidad de derechos, que le es propia a los políticos, que interaccionan como funcionarios públicos.
Recuerdo a una multitud protestar frente a Funglode. Y sin quererlo han surgido estas palabras. La respuesta instintiva, de lo que vimos por la tv., recuerda aquella declaración de un jefe de fiscales en Italia, que le advierte a los candidatos: “Quien quiera presentarse a las elecciones, busque antes dentro de su armario y hágalo sólo si está limpio…”.
¿Explica eso el hecho de que lo que más repele el hombre, puede a veces, al mismo tiempo, fingir ser desmedidamente atractivo?
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