Cuba: una isla que se apaga frente al mito y la esperanza

El periodista Ricardo Vega
Ricardo Vega

Ahora que ha vuelto cotidianas escenas de ancianos durmiendo en la calle o hurgando en la basura.

Que las hieles crudas del desvivir socavan sus cimientes.

Por encima de la sumisión o no; de las presiones externas. Del “antiimperialismo” y del “heroico pueblo cubano que resiste a 90 millas del imperio”.

Por encima de sus casi 70 años de totalitarismo.

Por encima de la judicialización y el hostigamiento en una sociedad fragmentada y dispersa.

Por encima de las narrativas analógicas con Gaza.

Por encima de la crisis radical y el colapso económico y social.

Por encima de establecer responsabilidades sobre la culpa de semejante catástrofe.

Por encima de las confusas señales sobre lo que realmente está sucediendo.

Cuba merecer la oportunidad de un renacer no excluyente. Herméticamente sincero, humanitario; solidario. La posibilidad de una esperanza que vaya más allá del gesto pasivo y políticamente conveniente.

Si es verdad que lo último que se pierde es las esperanza, es hora de apostar a una cultura y unos valores que no asumen dobleces ni parcialidades, que han de ser reconocidos como estampa y escudo de inmortalidad y unidad hacia un urgente proceso realmente transformador.

Ya es suficiente: Hay que salvar a Cuba.

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