Cuba: Romper el bloqueo, defender la soberanía
Las recientes declaraciones del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva no constituyen una simple opinión diplomática. Son una denuncia frontal contra una de las políticas más prolongadas, injustas y fracasadas de la historia contemporánea: el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba.
Cuando Lula exige que se ponga fin a esta agresión, no habla únicamente en nombre de Brasil. Expresa el sentimiento de millones de personas en América Latina, el Caribe, África, Asia y Europa que observan con indignación cómo una nación soberana ha sido sometida durante más de seis décadas a un castigo colectivo destinado a rendirla por hambre, carencias y asfixia económica.
El bloqueo: una guerra sin bombas
Durante décadas, Washington ha intentado justificar el bloqueo con diversos argumentos políticos e ideológicos. Sin embargo, la realidad es otra. El bloqueo ha sido una forma de guerra económica permanente dirigida a impedir el desarrollo normal de Cuba, obstaculizar el comercio internacional, restringir el acceso a financiamiento, dificultar la adquisición de medicamentos, alimentos y tecnologías, y generar desesperación en la población.
No se trata de una política de promoción de la democracia. Se trata de una política de coerción diseñada para provocar sufrimiento y descontento social.
Los defensores del bloqueo afirman que los problemas de Cuba son exclusivamente internos. Pero al mismo tiempo respaldan medidas que buscan impedir que el país comercie libremente con el resto del mundo. Esa contradicción revela el verdadero objetivo: utilizar las dificultades económicas como instrumento de presión política.
Un fracaso histórico
Sesenta años después, los resultados son evidentes. El bloqueo no ha logrado sus objetivos políticos. No ha destruido la Revolución Cubana. No ha provocado el colapso del Estado cubano. No ha quebrado la voluntad de resistencia de su pueblo.
Lo que sí ha producido son enormes costos humanos y materiales para generaciones enteras de cubanos.
La historia demuestra que ninguna nación puede ser doblegada indefinidamente mediante el castigo económico. Los pueblos desarrollan mecanismos de resistencia, fortalecen su identidad nacional y convierten la defensa de su soberanía en una causa colectiva.
Eso es precisamente lo que ha ocurrido en Cuba.
La hipocresía del imperialismo
Resulta imposible ignorar la enorme contradicción de quienes hablan de libertad mientras niegan a un país el derecho elemental a comerciar libremente con el mundo.
Los mismos centros de poder que predican la libre empresa y la competencia abierta aplican sanciones extraterritoriales contra empresas, bancos y gobiernos que mantienen relaciones con Cuba. Es la libertad del mercado cuando favorece sus intereses y el castigo cuando un país decide ejercer su independencia.
El bloqueo constituye una expresión del viejo intervencionismo imperialista que durante siglos ha intentado determinar qué gobiernos son aceptables y cuáles deben ser castigados.
Cuba ha sido convertida en un ejemplo destinado a intimidar a cualquier nación que pretenda construir un camino propio.
La solidaridad es un deber
Frente a esta realidad, la solidaridad con Cuba no es un acto de caridad. Es un acto de justicia. Es la defensa de principios fundamentales del derecho internacional: la autodeterminación de los pueblos, la soberanía nacional y la no intervención en los asuntos internos de los Estados.
Quienes defienden el levantamiento del bloqueo no están obligados a coincidir con todas las decisiones del gobierno cubano. Lo que defienden es algo mucho más básico: el derecho de los cubanos a resolver sus problemas sin la bota económica de una potencia extranjera sobre sus cuellos.
Los problemas de Cuba deben ser resueltos por los cubanos. No por Washington. No por los estrategas del cambio de régimen. No por quienes durante décadas han apostado al sufrimiento como herramienta política.
Cuba tiene derecho a respirar
La exigencia de Lula es clara y contundente: basta ya de castigos colectivos. Basta ya de utilizar el hambre, la escasez y las dificultades económicas como armas políticas. Basta ya de una política condenada por la inmensa mayoría de la comunidad internacional.
Ha llegado la hora de que Cuba pueda desarrollar plenamente sus capacidades productivas, comerciar sin restricciones y construir su futuro en paz.
La lucha contra el bloqueo no es solamente una causa cubana. Es una causa de todos los pueblos que defienden la dignidad frente a la dominación, la soberanía frente a la imposición y la justicia frente al abuso del poder.
Porque la verdadera libertad para–Cuba no consiste en que otros decidan su destino.
La verdadera libertad comienza cuando cesa el bloqueo y el pueblo cubano pueda respirar, producir, crear y vivir sin cadenas impuestas desde el exterior.
¡Fin al bloqueo!¡Respeto a la soberanía de Cuba! ¡Solidaridad internacional con el pueblo cubano!