Cuando lo pequeño fundamenta lo grande
Nos dejaron embelesados, doña Thelma Eusebio de López, directora de la Unidad de Electrificación Rural y Suburbana (UERS), lo sabe muy bien, el brillo cristalino y el rumor solazoso de las aguas del Yaque del Norte.
Justo allí, al pie de la carpa inaugural de la microcentral hidroeléctrica comunitaria de Arroyo Frío, Jarabacoa, provincia La Vega. Un pequeño proyecto, ya hecho realidad, de generación de energía limpia con potencia de 150 KW; pero, que empezó a transformar de forma grande la calidad de vida de 284 familias de las comunidades de Arroyo Frío, Boca de los Ríos, La Cotorra, Cañada Seca, Arraiján y Los Ramos, en la sección de La Ciénaga.
Lugares desconocidos, quizás, para los lectores, con una población de alrededor de 1,300 personas, que trabajan de sol a sol en labores agrícolas, cuyos hijos ansían una educación digna y cuyo sueño de contar con energía eléctrica y agua potable para la vida diaria y para el mejoramiento de sus iniciativas microempresariales ya es una conquista de las mismas comunidades y de su ente aglutinador, la Asociación Divino Niño, que contó con la colaboración económica y de asesoría de entidades públicas, privadas y de la sociedad civil como la propia UERS, la CDEEE, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, el Programa de Pequeños Subsidios del FMAM y el PNUD, Guakia Ambiente, Funde Marena y la Fundación Popular, entidad corporativa creada por el Banco Popular Dominicano y el Grupo Popular, entre otras instituciones desarrollistas y solidarias.
Resaltable, por supuesto, la entrega y labor voluntaria de los comunitarios, quienes trabajaron con sus propias manos por espacio de casi cuatro años en el proyecto, incluyendo la reforestación de más de 1,500 tareas de bosque, que contribuirán a la producción de agua para la generación eléctrica, a la reducción de 1,300 toneladas de CO2 y al ahorro al Estado de 1.3 millones de dólares anuales en pago de energía convencional.
“Para quien lo pequeño no es nada, no es grande lo grande” escribió el filósofo español José Ortega y Gasset, a la altura de 1914, en sus “Meditaciones del Quijote”.
Quien ignora la importancia de los proyectos pequeños, que resuelven necesidades y aspiraciones básicas de seres humanos social y económicamente marginados por centurias, no puede descubrir ni comprender que allí, en lo pequeño, radica la esencia de lo grande.
“Hemos de buscar para nuestra circunstancia, tal y como ella es, precisamente en lo que tiene de limitación, de peculiaridad, el lugar acertado en la inmensa perspectiva del mundo”, continúa diciendo el maestro de la filosofía como forma de vida.
Ese lugar acertado está en la esperanza de la gente, en sus derechos y sus deberes como ciudadanos. Así se da, pues, lo que el pensador llamó “la reabsorción de la circunstancia en el destino concreto del hombre”.
Estas microcentrales hidroeléctricas, construidas con visión de sostenibilidad económico-administrativa, técnica, social y medioambiental, constituyen la piedra angular del desarrollo inclusivo, que es el auténtico desarrollo social, económico y humano de comunidades rurales incrustadas en lugares recónditos de nuestra geografía y nuestro olvido.
Si hay crecimiento digno en ellas, lo hay en la sociedad y en su porvenir.
El liderazgo político, empresarial y civil están tomando cada vez más clara conciencia de ello, y eso es algo loable y esperanzador, porque combate la pobreza en su propia raíz, que es la marginación, y porque elimina la barrera de la ignorancia y reduce la insufrible brecha social.
En la solución sostenible de los problemas pequeños late el germen de lo grande y su definitivo desarrollo.
