Aunque en ocasiones nos cuesta creer en las cifras debido a la sensación de inseguridad que vivimos y las imágenes constantes de atracos en las calles, en materia de seguridad ciudadana, las cifras importan.
Pero importa aún más cómo se construyen, quién las produce y en qué momento del proceso se comunican. Por eso, cada vez que escucho declaraciones oficiales sobre logros en reducción del crimen, mi primera reacción no es celebrarlas ni rechazarlas, sino detenerme a leer los datos con calma.
Las recientes afirmaciones oficiales, sobre el fortalecimiento de las políticas de prevención y la reducción histórica de la violencia, encuentran respaldo parcial en los registros estadísticos de la Policía Nacional. Y digo “parcial” porque los números, cuando se observan en conjunto, cuentan una historia más compleja que la que cabe en un titular.
Como todos saben, se produjo un cambio en la metodología del cálculo de las tasas de homicidios, por esto han bajado considerablemente los números. –
Es cierto: los homicidios intencionales disminuyen. Ese dato no debe minimizarse. Pasar de 942 a 811 casos entre un año y otro refleja un esfuerzo operativo real. Sin embargo, al mismo tiempo, los homicidios no intencionales aumentan de manera significativa. Y ahí es donde surge la primera pregunta incómoda:
¿Cómo se está determinando la intencionalidad de una muerte violenta en etapas tempranas de la investigación?
Desde un punto de vista técnico, la clasificación entre homicidio intencional y no intencional suele definirse plenamente cuando el órgano persecutor ha agotado la investigación. Cuando esta distinción se realiza desde registros operativos preliminares, como los de la policía, el dato es útil, pero no definitivo. Puede cambiar. Puede reclasificarse. Puede moverse de una categoría a otra. Y eso no es una falla, es la naturaleza misma del proceso penal.
Data del 01 enero al 30 de noviembre
| Años | Homicidios Intencionales | Homicidios No Intencionales | Suicidios |
| 2024 | 924 | 301 | 604 |
| 2025 | 811 | 548 | 122 |
Por eso, cuando se comunica una reducción histórica, conviene recordar que no toda disminución estadística equivale automáticamente a una reducción real de la letalidad. A veces, la violencia no desaparece; simplemente se expresa de otra forma. Los números sobre muertes no intencionales, heridos por balas perdidas y siniestros viales así lo sugieren.
Algo similar ocurre con los delitos patrimoniales. Las denuncias generales de robos bajan, lo cual es positivo. Pero, al mismo tiempo, aumentan los robos a residencias y negocios, y se incrementa el robo de motocicletas. El delito no se extingue: se adapta. Cambia de objetivo, de horario, de espacio. Y eso impacta directamente en la percepción cotidiana de inseguridad de la ciudadanía, aunque los indicadores agregados mejoren.
Data del 01 enero al 30 de noviembre
| Años | Robo armas fuego | Robo autos | Robo motos |
| 2024 | 144 | 446 | 3618 |
| 2025 | 122 | 293 | 4041 |

Fuente: Policía Nacional. – Elaboración del CESEDE
Incluso en áreas donde se observan avances, como el retiro de armas ilegales o la reducción del robo de armas de fuego, persisten señales que merecen atención. Los heridos por balas perdidas no muestran una reducción sostenida. Esto nos recuerda que el problema no es solo cuántas armas se sacan de circulación, sino cómo se usan las que permanecen.

Fuente: Policía Nacional. – Elaboración del CESEDE
Las cifras sobre suicidios, aunque presentan una leve baja, siguen siendo elevadas. Y ese dato, aunque suele quedar fuera del debate de seguridad tradicional, habla de tensiones sociales, de salud mental y de conflictividad que también forman parte del entorno de riesgo.
No pretendemos invalidar el trabajo que se está tratando de hacer o desmintiendo automáticamente el discurso oficial. Pero sí obliga a una lectura más honesta y completa. Las estadísticas policiales son valiosas como herramienta de alerta temprana, no como verdad cerrada. Son un punto de partida, no un punto final. Por esto es tan importante obtener los datos analizados por el órgano que tiene competencia el Observatorio de Seguridad Ciudadana, el cual nos mantiene sin datos oficiales desde el 2023 y para ponerle la tapa al pomo la PGR, tampoco presenta ya los datos. –
La seguridad ciudadana no se fortalece solo mostrando cifras favorables, sino explicando sus límites, reconociendo los desplazamientos del delito y ajustando las políticas cuando los propios datos lo indican. Ahí es donde se juega la credibilidad institucional.
Las cifras hablan, sí. Pero también preguntan. Y escuchar esas preguntas es tan importante como comunicar los avances.
La autora del artículo es experta en seguridad y defensa, mención política estratégica.
La directora del Centro de Estudios de Seguridad y Defensa (Cedese).
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Josefina Reynoso
La Dra. Josefina Reynoso Chicón es experta en seguridad y defensa, mención política Estratégica y directora del Centro de Estudios de Seguridad y Defensa (CESEDE).