Cuando el mundo tiembla, el campo importa

Claudio Caamaño Vélez.
Claudio Caamaño Vélez

Hay verdades que sólo se entienden en las adversidades. En un mundo sacudido por conflictos, donde una guerra a miles de kilómetros puede interrumpir cadenas de abastecimiento y disparar el precio de los hidrocarburos, la seguridad alimentaria deja de ser un concepto abstracto y se convierte en una urgencia concreta.

Hoy sabemos que depender excesivamente de importaciones es una vulnerabilidad. Basta que suba el petróleo, que se encarezcan los fletes o que falten insumos como fertilizantes, para que el costo de la comida se dispare. Y cuando la comida sube, no sólo se afecta el bolsillo: se resiente la estabilidad social.
Por eso, fortalecer nuestros sistemas agroalimentarios no es un lujo ni una consigna romántica. Es una decisión estratégica.

República Dominicana tiene con qué hacerlo. Pocos países cuentan con un clima tan favorable, con suelos diversos y con una ubicación geográfica que permite tanto abastecer el mercado interno como proyectarse hacia la exportación. Pero esas ventajas, por sí solas, no producen alimentos.

Se requiere visión. Invertir en tecnología, facilitar el crédito al productor, mejorar los sistemas de riego, reducir las pérdidas en transporte y almacenamiento. Apostar por el campo con la misma seriedad con la que se apuesta por otros sectores.

No es sólo producir más. Es producir con inteligencia.
En tiempos de incertidumbre global, la soberanía también se cultiva. Y el país que no siembra lo que come, termina pagando caro su dependencia.