El informe del Instituto de Dominicanos y Dominicanas en el Exterior (Index) arroja una cifra que estremece el alma: ya somos 3,030,647 los compatriotas viviendo fuera de la tierra que nos vio nacer.
Más allá del análisis estadístico o del debate demográfico, es la prueba irrefutable de la República Dominicana ya no cabe dentro de sus fronteras geográficas.
Ese crecimiento del 5.4% respecto al año anterior, con 156,523 nuevos dominicanos que empacaron sus sueños en una maleta, nos habla de la valentía intrínseca de nuestra gente.
Aunque el arraigo en la Costa Este de los Estados Unidos sigue siendo nuestro hogar lejos del hogar —con ese Nueva York que alberga a más de 873,000 dominicanos, principalmente en Washington Hight—, y que las calles de Madrid y Barcelona se sigan llenando de nuestra alegría, hoy día la dominicanidad se ha vuelto casi universal.
Saber que nuestro sentido del humor, el acento único, el merengue y la bachata resuenan en 129 países, alcanzando rincones tan insospechados como Angola, Azerbaiyán, Ruanda o Vietnam, es un testimonio de nuestra asombrosa capacidad para florecer dondequiera que la vida nos plante.
No solo emigramos, sembramos cultura, contagiamos con nuestra calidad y transformamos los entornos. Detrás de este mapa de dispersión mundial, el informe revela un perfil humano que merece ser honrado con profundo respeto: Un 53.5% del total de la diáspora tiene rostro de mujer. Son las heroínas silenciosas que lideran hogares a la distancia, sostienen familias enteras y mantienen viva la llama de las tradiciones.
El hecho de que los menores de 25 años sean el grupo más grande (37.2%) nos llena de una mezcla de nostalgia y esperanza. Son jóvenes que crecen lejos del calor caribeño, pero que heredan el orgullo de sus raíces.
Reducir a estos tres millones de hermanos al concepto de "remesas" es un acto de ceguera cultural.
La diáspora es el abrazo que se extraña en Navidad, es el plato de «Los tres golpes» preparado en la distancia para calentar el invierno, y es el llanto contenido al escuchar el Himno Nacional lejos de casa.
El verdadero desafío del país es asegurar que ningún dominicano en el exterior se sienta jamás olvidado por su patria. Porque patria es la cultura y el entusiasmo que llevamos dentro, sin necesidad de código postal.
leídas