Martes, 26 de marzo, 2019 | 1:51 am

Cuando conocemos a Dios somos verdaderamente libres



Hay varias cosas que los humanos buscamos desde que tenemos conciencia y, de hecho, trabajamos en pos de lograr esas metas: una de ellas es la libertad.

El ser humano desea libertad para elegir, actuar, pensar, trabajar, comprar, viajar, y hasta de tener sexo. Pero en busca de esas pretensiones, el hombre toma decisiones erróneas que en vez de proveer libertad, lo convierte en esclavo.

¿Cuál es el error común? Intentar conseguirla fuera de la voluntad de Dios.

El ser humano se esclaviza y se hunde más en el pecado por la impureza, la codicia y el desenfreno (Romanos 6:17-19).

Ser esclavo de alguien o de algo es no tener libertad para decidir: obedecemos fielmente a lo que nos domina, aunque no queramos.

Por eso, el alcohólico dice: no tomaré más, pero vuelve a tomar, el adúltero arrepentido cae en tentación nuevamente, y el que roba repite esa acción. En ese estado viene la desilusión, la depresión y la miseria ( Romanos 7:17).

Pero, ¿cómo podemos ser libres?

El esclavo no se puede liberar solo, sino que necesita un redentor. La Biblia dice que “si el Hijo (Jesucristo) los liberta, serán verdaderamente libres” (Juan 8:36). Aceptar a Jesús nos motiva a seguir sus enseñanzas, que están basadas en la adoración a Dios y el amor al prójimo como a nosotros mismos.

Una vez le aceptamos, él nos declara justos por la fe y nos da paz ante Dios (Romanos 5:1), y “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7).

Es decir, que para ser verdaderamente libre lo único que el ser humano necesita es conocer a Dios como su salvador, descubrir sus propósitos y mandamientos declarados en sus escrituras y permanecer en el cumplimiento de ella.

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