Los períodos de expansión económica nuestra, han sido ponderado por organismos internacionales. República Dominicana es un polo magnético para las inversiones extranjeras, el turismo, las zonas francas de exportación, las telecomunicaciones, este conjunto de factores han incidido en un crecimiento sostenido por más de década y media con los diferentes partidos gobernantes.
Estas expansiones sincronizadas han disipado los peligros que acechan la normalidad y por tanto la estabilidad macroeconómica que hoy exhibimos.
Lógicamente, el panorama internacional ha hecho de las suyas reflejadas en una serie de vulnerabilidades entre las que se encuentran: el crecimiento de la deuda y el pago de los intereses, la brecha fiscal originada por falta de una reforma integral, el pesado fardo del problema eléctrico y sus pérdidas, el subsidio a los combustibles, altas importaciones (son el triple de nuestras exportaciones) por mencionar estas debilidades.
Las autoridades de política económica (monetaria y fiscal) hacen sus mayores esfuerzos, pero la falta de reformas necesarias para cimentar el crecimiento sostenido, apremia. Sin duda mejorar el lado de la oferta a través de mayores exportaciones y el ingreso de nuevos mercados ayuda a levantar la economía. Eliminar los obstáculos y mejorar la eficiencia económica mediante la promoción y la desregulación ayuda con este propósito. Se dice que reactivar el crecimiento es más fácil que sostener un crecimiento duradero.
Las cuestiones distributivas son un verdadero dolor de cabeza y el costo de las desigualdades ya que el crecimiento suele presentarse en un vaivén en los últimos años. Lo vemos en el movimiento ondulatorio del PIB. Si analizamos los últimos 5 años nuestro a partir del 2020 se observa fácilmente. Ante los shocks de la economía internacional hemos podido sostener tasas por encima del promedio de la región, pero en sociedades con grandes desigualdades disminuye el apoyo a corto plazo.
Muchas áreas nuestras aún con el crecimiento logrado por la política económica cuestionan sobre la inclusión ya que los beneficios se concentran entre los más adinerados. Esto podría simplemente indicar que la sociedad no ofrece un acceso igualitario en educación, alimentación de calidad, mercado de crédito, y peor aún ascenso por vías políticas a cargos electivos, los puestos cuestan un dineral.
Economista de la talla de Joseph Stiglitz y otros señalan sobre la desigualdad creciente en muchos países y la causa principal es la concentración de capitales. Por lo que hay que revisar el tamaño del pastel y su distribución. Tras la crisis luego de la pandemia del COVID-19 los economistas recibieron críticas porque sus modelos no prestaban suficiente atención a los vínculos existente entre las finanzas y la economía real.
Y en otras opiniones las conexiones entre la macrodistribucion y el tamaño del pastel en cada hogar. Mientras los economistas destacamos el riesgo de un estancamiento secular (deficiencia prolongada de la demanda agregada y escaso crecimiento económico) a raíz del entorno internacional, crece el riesgo de exclusión secular (cuando el crecimiento solo beneficie a quienes están en la cúspide de la distribución del ingreso) quizá sea de igual importancia.
Frente a un estancamiento o polarización del ingreso se corre el riesgo de crear un círculo vicioso entre estancamiento y exclusión dado que los de abajo carecen de recursos para impulsar la demanda y el crecimiento.
Las implicaciones es prestar atención a las cuestiones distributivas. Y el fundamento de esta visión es la teoría llamada efecto derrame, según la cual el flujo de la marea eleva todas las embarcaciones, de forma que si se asegura el crecimiento la distribución llegue a un mayor número de la población.
Si bien la desigualdad excesiva debilita el crecimiento saludable los encargados de formulación de políticas económicas tienen que hacer reparos sobre las implicaciones morales y sociales de la desigualdad. La perspectiva macro-distributiva tiene suficientes méritos independientemente de la importancia que se le dé a la desigualdad en la función de bienestar social con el tamaño agregado del pastel y su distribución.
Desde esta perspectiva también la intensificación de la desigualdad no es solamente fortuita como tampoco es producto del cambio tecnológico dado los avances técnicos y por consiguiente los avances en la productividad del trabajo.
Las prioridades más urgentes solo rendirán más frutos con el crecimiento inclusivo así llegaremos a la tierra prometida.
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Tomás Guzmán Hernández
Economista y contador público, egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) con maestrías en Administración Pública (PUCMM), Manejo Sostenible del Agua (PUCMM), Contabilidad Tributaria (UASD) y Riesgo de Desastres y Gobernanza del Cambio Climático (Universidad Alfonso X el Sa...