Enero me regaló algo que pocas veces nos concedemos sin culpa: un alto. Un espacio breve, pero necesario, para estar conmigo y cuidar mi salud, ordenar ideas, poner en fila los pendientes, planificar sin prisa y cargar las pilas.
Quienes escribimos artículos de opinión, al menos en mi caso, lo hacemos con la intención de aportar. Esta columna, desde que nació, ha sido para mí un espacio de crecimiento compartido. Aquí he puesto mis aprendizajes, ideales, forma de mirar la vida y el periodismo. No escribo por llenar un espacio, escribo cuando siento que hay algo honesto que decir, algo que también pueda servirle a quien se detiene a leerme entre un café, una noticia y la prisa del día.
Hay momentos en los que la musa llega puntual, se sienta frente a mí y dicta sin titubeos. Y hay otros en los que simplemente no aparece. En esos días, prefiero el silencio a la palabra vacía porque escribir por escribir no es mi estilo, ni en mis escritos ni en mi vida.
Este enero me recordó algo simple y poderoso: detenerse también es avanzar… y es que la vida es rápida, flexible, impredecible.
Cada día despertamos sin saber del todo qué traerá el día, aunque tengamos planes, deseos y metas bien anotados… por eso son tan necesarios esos recesos de conciencia, espacios donde nos miramos a la distancia y nos preguntamos con honestidad quiénes somos, qué estamos construyendo, ser felices o tristes.
A veces esos altos en el camino cuestan, nos hacen sentir que nos quedamos atrás, que el mundo sigue y nosotros no, pero en realidad es al revés: es en la pausa donde ajustamos el rumbo, le damos valor a lo que hacemos y recuperamos la claridad para seguir con más sentido.
Tres recomendaciones sencillas
Este año apenas lleva 31 días de carrera, todavía está tibio y se deja moldear, por eso, desde este escritorio, quiero compartirles tres recomendaciones sencillas para quienes me leen y, de paso, para mí misma:
- Primero: regálate momentos de silencio. No todo tiene que ser productivo, visible o compartido. A veces, lo más valioso ocurre cuando nadie está mirando.
- Segundo: revisa tu rumbo con honestidad. Pregúntate si lo que haces cada día te acerca a la vida que quieres. Y si la respuesta no te convence, date permiso para corregir.
- Tercero: cuida lo que te inspira: personas, lecturas, espacios, conversaciones. La inspiración no siempre llega sola; muchas veces hay que salir a buscarla con intención.
Volver a escribir después de una pausa se siente un poco como volver a casa. Todo está en su lugar, pero uno ya no es exactamente el mismo. Y eso, creo, es lo bonito del proceso: seguir siendo, mientras vamos cambiando.
Aquí sigo, desde mi escritorio, con la misma intención de siempre: crecer y, si se puede, crecer acompañada, porque al final, de eso se trata este espacio, de caminar juntos, incluso cuando decidimos detenernos a respirar.