Costo de la vida en tiempos geopolíticos confusos

luis garcía
Periodista Luis García

La decisión de Donald Trump y de Benjamín Netanyahu de atacar militarmente a la República Islámica de Irán ha provocado una convulsión en la esfera geopolítica que podrían convertirse en el punto de inflexión que acelere el advenimiento del irreversible nuevo orden mundial.

Lo sabe Trump y Estados Unidos y lo sabe Netanyahu e Israel, que en la práctica resulta irreal pensar que en la actualidad se mantiene el sistema unipolar dominado por los norteamericanos desde 1992, signado por el fin de la denominada Guerra Fría y la caída del Muro de Berlín.

Vivimos un mundo complejo, caracterizado por el surgimiento de una República Popular China poderosa en términos económicos y de potencias emergentes nunca vistas en la historia de la humanidad.

El ataque al régimen teocrático de los ayatolás no puede verse aislado del contexto anterior. En geopolítica los acontecimientos no ocurren por casualidad, sino producto de causalidades, que diseñan e impulsan estratégicamente jugadores globales, y que dan paso a países ganadores y perdedores, siendo el mayor impacto de carácter económico.

Cabría preguntarse si el conflicto suscitado en Medio Oriente afectaría la economía dominicana. Claro que sí, especialmente motivado al incremento en el precio del petróleo en los mercados internacionales, dando origen a procesos inflacionarios y al aumento del costo de la vida. En las economías de mercado, el Estado no está supuesto a intervenir en la fijación de precios de los productos y servicios, aunque en su marco de actuación sí figura la toma de decisiones con la finalidad de mantener la estabilidad macroeconómica.

Un componente esencial en esa estabilidad está en el control de la inflación. Dado el efecto explosivo que ésta suele tener, el gobierno del presidente Luis Abinader debe estar vigilante frente a la posibilidad de que el petróleo se convierta en factor de desequilibrio macroeconómico. No existen fórmulas ni sabios que puedan hacer muchas cosas favorables en entornos económicos hostiles, como el que hoy en día vive el mundo, sobre todo cuando dan paso a desórdenes inflacionarios.

Los efectos de un proceso inflacionario son diversos, pero uno de extraordinario impacto es que produce la reducción del valor del dinero destinado a la adquisición de bienes y servicios. Esto conlleva, ineludiblemente, a la agudización de la pobreza y de los niveles de desigualdad social. Lo ideal es que las autoridades dominicanas se pongan en alerta ante evidentes signos preocupantes del entorno global, que ya se ha expresado en el considerable incremento del petróleo.

En lo que respecta a las familias pobres y de clase media local, con frecuencia se escuchan las quejas en el sentido de los elevados precios de productos básicos y de los medicamentos. Ciertamente que su carga resulta pesada, porque cuando se toma como referencia el costo de la canasta nacional, que supera los 40.000 pesos, y se compara con los salarios mínimos del sector privado no sectorizado, se evidencia la existencia de un marcado déficit presupuestario.

El alto costo de la vida representa la mayor amenaza para la paz social, elemento vital en una economía en que la actividad turística y la inversión extranjera directa representan puntales en el esfuerzo gubernamental de mantener la estabilidad macroeconómica.

El momento aconseja a manejarnos con cautela frente a este complejo panorama geopolítico, bajo la realidad de que no somos un jugador que incide ni en lo político, ni en lo económico, ni en lo militar, ni en lo ambiental, ni en lo tecnológico.

Pongamos mejor el esfuerzo en el costo de la vida, un enemigo que nos acecha peligrosamente.