Contrato Social

David Alvarez
David Alvarez

M uchos de los pensadores europeos del siglo XVII imaginaron que las sociedades se organizaron mediante un acuerdo entre los hombres que vivían en estado natural, sin una sociedad articulada. Dicho mito suponía que ejerciendo todos su libertad natural decidieron, buscando un bien superior, organizarse.

Hasta Marx en el siglo XIX imaginaba una suerte de comunismo primitivo. Hoy sabemos que los hechos fueron diferentes, que la mayor parte de las sociedades se organizaron en el neolítico mediante la violencia de unos cuantos sobre la mayoría.

A partir de ese contrato social unos defendían un régimen autoritario (Hobbes), otros postularon formas democráticas (Locke). Dicho mito del contrato social lejos de explicar lo que había pasado sirvió de inspiración para lo que pasaría.

Las grandes revoluciones de finales del siglo XVIII e inicios del XIX consideraron como una necesidad establecer un contrato social, mediante constituciones y declaraciones de derechos.

La revolución de las trece colonias en Norteamérica, la revolución francesa y la haitiana establecieron constituciones que pretendían eran contratos sociales.

Con las mismas se negaba, al menos en papel, que serían dirigidas por la voluntad de sus gobernantes, si no por leyes aceptadas por todos. Así lo hizo la sociedad dominicana en noviembre del 1844 y se refundó dicho contrato social con la Constitución del 2010.

La voluntad del Tribunal Constitucional sigue demostrando que la Constitución es un pedazo de papel y que los intereses económicos prevalecen sobre el contrato social.