Contrastes

José Báez Guerrero
José Báez Guerrero

Un querido amigo elogió la inteligencia del eterno aspirante Leonel Fernández tras este disertar en Nueva York recientemente.

Sería mezquino negar la erudición del expresidente o el balance generalmente positivo de sus tres períodos.

Al oírme decir esto, contertulios corearon “¡zafa!” Y eso fue lo menos que dijeron… Contrastaron el vergonzoso apoyo de Leonel a Chávez, Maduro y otros autócratas antidemocráticos, con la defensa de Abinader de la legalidad democrática en Venezuela.

También compararon los resultados de uno y otro en el combate al narcotráfico. Como si fuese un focus group, un relator concluyó en latín: “intelligentia sine honestate flagellum est”.

El severo juicio, corriente desde tiempos romanos y apropiado por Bolívar, me hizo meditar sobre ambos necesarios atributos -inteligencia y honestidad- para presidir este país pequeño lleno de enormes problemas.

Saber mucho y mucha inteligencia, sin brújula moral ni criterio ético, llevan a toda clase de corrupciones y daños sociales. La virtud es la rectitud del carácter que propende a actuar correctamente, no sólo el “del aquel” de Santana.

Los romanos y Bolívar acertaron al juzgar que un habilidoso deshonesto es un peligro político. Sin fundamentos morales y éticos, mucha inteligencia es terrible. Hemos tenido gobernantes sabios pero estigmatizados como brutos; en otro extremo Balaguer, genial y amoral.

La inteligencia se pulimenta con aprendizaje académico y pensamiento lógico. La sabiduría necesita experiencia, no sólo teorías de aula. Raras veces coexisten en una misma persona.

En las actuales circunstancias, los dominicanos somos afortunados de tener a un presidente inteligente y admirado internacionalmente. Ante los escándalos de corrupción y el acoso mediático de la oposición, Luis podrá demostrar cuán honesto es y su compromiso con la virtud, como valor superior a la viveza.