Consultorio de familia

José Mármol
José Mármol

El título de este artículo remite al de una columna que, desde hace más de cinco años y cada lunes, publica mi esposa Evelyn Zoraya Lara en el periódico Hoy.

Es un espacio dialógico entre su condición de sicóloga, terapeuta familiar y experta en violencia de género, y su alterego, que son los lectores.

El mes pasado presentó dos nuevos libros, uno de los cuales, bajo el título de “Diálogos sobre lealtad, aciertos y fracasos”, recopila parte de los trabajos publicados en su columna. Comparto con los gentiles lectores de Carpe Diem, algunas de las ideas que desarrollé en el marco del prólogo que, muy generosamente, la autora me solicitó.

¿Será que el apogeo de los medios de comunicación y de los dispositivos o artefactos electrónicos ha barrido con el sentido de lo privado, con los tabúes culturales, con los prejuicios sociales y los secretos personales o familiares que rodeaban el recurso de acudir a un profesional de la conducta?

La respuesta, en mi modesta opinión, es afirmativa. ¿Hay que preocuparse por ello? ¿Hay que asustarse por ello? ¿Hay que exigir que se vuelva al diván del diálogo íntimo, secreto casi y del consultorio en penumbras? Por supuesto que no.

El individuo, las disciplinas que lo estudian y la sociedad han experimentado un giro hacia un ámbito de mayor apertura, intercambio y simultaneidad o ubicuidad en la comunicación, tanto privada como pública.

Pero, la vida privada y lo privado, ¿qué son? ¿Acaso algo antagónico a lo público? Vivir una vida privada, reflexionó en 1958 Hannah Arendt, y todavía hoy su argumento es válido, significa estar privado o ajeno a una serie de cosas esenciales para una verdadera vida humana, como son: estar privado de la realidad que deriva del hecho de ser visto y oído por los demás; estar privado de una relación concreta y objetiva con los otros; estar privado de realizar obras trascendentes que van mucho más allá de la propia vida.

“La privación de lo privado radica en la ausencia de los demás; hasta donde concierne a los otros, el hombre privado no aparece y, por lo tanto, es como si no existiera”.

Me sorprende la apertura con que cada vez más personas escriben a su correo electrónico para exponer su, aparentemente, privada situación personal o familiar, para que la sicóloga utilice su columna periodística, para dar orientaciones y pautas acerca de cómo superar la coyuntura emocional, la dificultad con la pareja o con los hijos, el conflicto de lealtades familiares, infidelidades, la situación de abuso o maltrato en el hogar, hasta historias de incesto, agresión sexual o intentos de suicidio.

El consultorio de la terapeuta es, pues, una plataforma de comunicación escrita que repercute en espacios de la radio y la televisión, además de la transmisión viral a través de las redes sociales.

Lo privado es hoy, de hecho, un asunto prácticamente público, y la consulta, más que un diálogo de estrecha relación de poder, como lo vio temprano Michel Faucault, entre terapeuta y paciente, es hoy día un conversatorio, un auténtico foro en que intervienen actores de todo el planeta.

Los libros “Diálogos sobre lealtad, aciertos y fracasos” y “Desafío de ser padres”, presentado junto al primero y centrado en la problemática de la familia en la sociedad posmoderna, han sido donados por la autora a favor de los programas de asistencia a mujeres y familias de escasos recursos que desarrolla el Patronato de Ayuda a Casos de Mujeres Maltratadas (Pacam), entidad sin fines de lucro que preside.

Les invito a adquirirlos, para apoyar esta noble causa.