Con las hijas de Chichí de la Cruz
Siempre he sentido una admiración especial por el nombre y la figura de Chichí de la Cruz. Lo mismo que por Ñaño Candelario.
Ambos, cuadros importantes del Movimiento Revolucionario Catorce de Junio -1J4-. El primero, colaborador resuelto en la preparación del alzamiento guerrillero del 28 de noviembre de 1963, y el segundo, mártir glorioso caído en el frente Mauricio Báez, que operó en las montañas orientales.
De Ñaño, Juan María Candelario Mercedes, por su nombre de pila, desde que vi su foto en la galería de mártires del 1J4, leí en ella la fuerza de carácter, el temple y el aplomo de ese campesino excepcional. De Chichí nisiquiera fotos había visto, aunque ya el compañero Iván Rodríguez me había hablado de las condiciones de ambos. Fidelio Despradel los reconoce en sus “Memorias” recientemente publicadas.
Hace poco me tocó hacer la reseña biográfica de Chichí y me dí cuenta de que ni siquiera su nombre propio lo sabía. Pensé en mi camarada Juan Guerrero de la Cruz, que resultó ser sobrino de Chichí y primo de Marcelito, y gracias a ambos se me abrieron las puertas del encuentro personal con cuatro de las hijas de Chichí.
Doña Saida, Milagros, Magaly y Mariana. Me colmaron de gentilezas y atenciones y, además de la elegancia y la refinada educación con que me recibieron, se mostraron dispuestas a brindar su cooperación para que ese personaje, al que la generación de militantes de izquierda de hoy desconoce, sea rescatado del olvido que injustamente lo ha cubierto.
Dionisio Altagracia de la Cruz Mauricio era su nombre propio, nacido en 1911, hacendado y comerciante, revolucionario por conciencia, iniciado en las luchas antitrujillistas por allá por 1934 junto a Juan Bosch; amigo y compañero de Manolo Tavárez, presidente del 1J4, en Pedro Sánchez, El Seibo.
Tras la caída de Manolo empezó un retiro honesto de la militancia partidaria hasta morir sin manchar su dignidad el 7 de mayo de 2005, a los noventa y cuatro años.
Sus hijas lo recuerdan y veneran con pasión. Guardan como tesoros fotos y objetos con una devoción emocionante, pero tanto por él como por Ñaño hay que hacer un esfuerzo mayor para ponerlos en su puesto y reforzar los valores morales que ellos representaron. Y eso tiene mucha importancia en estos tiempos.
