Con el doctor César Mella

Rafael Chaljub Mejìa
Rafael Chaljub Mejìa

En mi nombre, el de Dulce y toda mi familia, me asocio al doctor César Mella en el regocijo que muy legítimamente debe embargarlo, al recibir el Premio Nacional de Medicina, que acaba de otorgársele.

Con esta distinción se reconoce el mérito de un profesional de la salud que ha consagrado su vida a la misión que asumió al recibirse de médico, y que a lo largo de su ya dilatado e incesante ejercicio, ha demostrado ser portador de una inteligencia poco común y un espíritu de superación digno de ponerse como ejemplo. Porque ha sabido llegar al sitial que hoy ocupa en la sociedad, en base al esfuerzo tenaz y perseverante, y junto esto, nunca ha cesado de estudiar y de aprender.

Es de esos profesionales que no permiten que los avances de la ciencia le pasen por encima y se mantienen actualizados. Un hombre que aún desde la condición de académico y mientras imparte cátedras, sabe colocarse en la condición del discípulo y seguir estudiando y cultivándose.

Y si los méritos científicos le sobran, el doctor Mella también puede exhibir la dosis correspondiente de sensibilidad social. Él ha tenido el buen tino de sacar sus orientaciones y consejos de las paredes de su propio consultorio y rendir un servicio a la colectividad, porque de esa forma nos enseña y nos asiste a todos, ya desde la radio, la televisión, la prensa escrita y las redes sociales.

Así se ha convertido en parte de nuestra cotidianidad, en uno de esos profesionales en los cuales el pueblo piensa inevitablemente cuando se ve situado ante determinadas situaciones, especialmente esas que ponen de relieve las complejidades de la personalidad y la mente humana.

Y como amigo, bastaría pensar tan solo la inmensa legión de hombres y mujeres que podemos contarlo en ese rango. Ahí se incluyen personas de todos los estratos, desde las que provienen de las clases adineradas hasta gente del pueblo sencillo y llano.

Yo, y conmigo, toda mi casa, nos sentimos también premiados con este galardón que se le entrega al doctor Mella y me satisface decirlo por este medio, porque en medio de tantas cosas negativas, los buenos ejemplos merecen divulgarse.