Con cuáles piedras tropieza la reelección
Hay que felicitar al presidente Danilo Medina por mantener tan alto nivel de popularidad, a casi tres años de iniciar su mandato. ¡Enhorabuena!
Desde ese mismo ánimo, deseo que él sabrá imponerse a los consejos de muchos de sus colaboradores y a la inclinación humana, a veces casi lujuriosa, de apegarse al oficio de mandar. Es dulcísima cosa eso de mandar y ser obedecido, dijo Sancho.
Y también dijo que es bueno mandar aunque sea un hato de ganado. Ojalá el presidente Medina resista la tentación, valore los obstáculos que encontraría y los riesgos a que expondría su país de escoger el camino de la reelección.
Por esa vía chocaría, de entrada, con obstáculos jurídicos.
La Constitución prohibe la reelección. Pretender reformarla para adaptarla al propósito reeleccionista, aparte de que hoy por hoy los números no le alcanzan en el congreso, sería embarcarse en una maniobra sumamente comprometedora, que sacudiría de un extremo a otro la vida nacional, sacaría al Presidente y al gobierno de sus labores habituales y envolvería al Estado, el mismo Estado que él dijo una vez que lo venció, en ese juego peligroso.
Por considerarla casi ofensiva para un presidente decente, con imagen de hombre modesto y comedido, no hablo del precedente histórico del siglo pasado, cuando un presidente en ejercicio intentó reelegirse, acudió a un recurso de dudosa reputación constitucional y se hundió el país.
Además, el Presidente se expondría a pagar un alto costo político. No todo el que lo valora como gobernante lo apoyaría como candidato a reelegirse, después de verlo legislar en provecho propio al modificar la Constitución para favorecer su propia causa.
Y aún en el caso de que resultara victorioso y se reeligiera, faltaría ver si podría gobernar con la tranquilidad con que lo ha hecho en este período, cuando hasta el propio partido que sirve de base política al gobierno quedaría severamente resentido.
Medina calcula sus decisiones. Y quisiera creer que ha valorado todo esto y tan solo se trata de demostrar fuerza y negociar con sus rivales en el PLD, desde una posición lo más ventajosa posible. Ojalá así ocurra, y no tener que ver a otro presidente bregando afanosamente por reelegirse.
En ese ultimo caso, por más dispersa que hoy esté, la oposición tendría que sentirse desafiada y emplazada a unirse y resistir.
