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Cómo puede influir la captura de Nicolás Maduro en los siguientes pasos de Rusia y China

  • La respuesta de Rusia a la operación estadounidense en Venezuela ha sido, hasta ahora, moderada en medio de las largas vacaciones de Año Nuevo

El presidente ruso, Vladímir Putin, y el líder chino, Xi Jimping, pueden sacar distintas conclusiones de la caída de Maduro.
El presidente ruso, Vladímir Putin, y el líder chino, Xi Jimping, pueden sacar distintas conclusiones de la caída de Maduro.

Mientras Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, enfrentan cargos por narcotráfico y armas en Nueva York, los expertos se cuestionan qué consecuencias tendrá para las normas internacionales la captura del líder venezolano por parte de Estados Unidos y si podría envalentonar a otros países.

El presidente Donald Trump ha dicho que Estados Unidos "dirigirá" Venezuela hasta que se pueda garantizar una "transición segura, adecuada y juiciosa". También ha repetido que Estados Unidos debe apropiarse de Groenlandia y ha citado la Doctrina Monroe de 1823, que reafirmaba la supremacía de Estados Unidos en el hemisferio occidental.

Varios vecinos de Venezuela y sus aliados de largo plazo, Rusia y China, han condenado las acciones de Estados Unidos. En muchas capitales se extiende la preocupación por que socaven el derecho internacional y sienten un precedente. Los principales aliados europeos de Washington, como Reino Unido, Alemania o Francia, han evitado una condena frontal del ataque en Venezuela, pero han defendido la soberanía danesa sobre Groenlandia.

Así las cosas, ¿cómo ven Rusia y China la situación en Venezuela? ¿Y cómo podría influir en sus decisiones?

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Qué significa la caída de Maduro para China

"Si Estados Unidos se arroga el derecho de utilizar la fuerza para invadir y capturar a líderes extranjeros a los que acusa de conducta criminal, ¿qué impide que China reclame la misma autoridad sobre Taiwán?", se preguntó el senador demócrata Mark Warner en un comunicado.

"Una vez que se cruza esta línea, las reglas que contienen el caos global comienzan a colapsar, y los regímenes autoritarios serán los primeros en aprovecharlo", advirtió el senador.

Entonces, ¿tiene razón? ¿Podrían las acciones de Washington alentar a China a considerar una acción similar contra Taiwán, una isla democrática y autónoma que Pekín considera propia y que ha jurado recuperar, por la fuerza si es necesario?

No necesariamente, afirma Hoo Tiang Boon, profesor asociado de la Universidad Tecnológica de Nanyang, con sede en Singapur. "Los chinos no establecerían deliberadamente ningún vínculo directo entre estos dos asuntos… Es muy poco probable que China actúe por el capricho de las acciones de Trump".

Cabe destacar que el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, condenó el uso de la fuerza por parte de Washington como una violación del derecho internacional y una afrenta a la soberanía de Venezuela, declarando: "Nunca hemos creído que país alguno pueda actuar como la policía internacional".

Nicolás Maduro visitó al presidente Xi Jimping en septiembre de 2023.

Otros expertos añaden que existe una diferencia clave. Para Pekín, Taiwán es una provincia y Venezuela es un Estado soberano, por lo que consideraría cualquier acción sobre Taiwán como un asunto interno.

Por ello, los analistas sugieren que invadir Taiwán no es para China una cuestión de justificación, sino de capacidad.

Los miembros del Parlamento de Taiwán también parecen creer que capturar al jefe del gobierno taiwanés no está en los planes de Pekín.

"Lo que China quiere no es destituir por la fuerza al jefe del gobierno o bombardear toda la isla de Taiwán y luego marcharse; lo que quiere es la reunificación y el gobierno por parte de Pekín", dijo Hou Han-ting, un parlamentario taiwanés, a CTi News. "Por lo tanto, puramente desde esa perspectiva, repetir lo que Estados Unidos está haciendo ahora en Venezuela simplemente no es la forma en la que Pekín visualiza recuperar Taiwán".

Sin embargo, algunos observadores señalan que el despliegue de importantes recursos navales estadounidense en el Caribe podría ser percibido en Pekín como un cambio temporal en el enfoque global de Washington, lo que podría afectar indirectamente sus tiempos de respuesta en otras zonas del mundo. Pero los expertos que hablaron con la BBC también han dicho que esto no inclinaría por sí solo el cálculo de Pekín sobre Taiwán: la isla todavía tiene tratados extensos con Estados Unidos y le compra grandes cantidades de armas.

En lo que China podría beneficiarse, no obstante, es a la hora de moldear la percepción global sobre el comportamiento de Estados Unidos.

Esto permite a los diplomáticos y medios chinos presentar a los Estados Unidos como una fuerza de inestabilidad cuyas intervenciones socavan las normas internacionales, mientras presentan a China como un defensor de la soberanía, a pesar de que los críticos señalan la actividad de China en áreas en disputa como el Mar de China Meridional, donde ha construido y militarizado islas artificiales, utilizando a la guardia costera y a la Armada.

En cuanto a la propia relación de China con Venezuela, esta se ha desarrollado a lo largo de más de dos décadas y se basa más en la oportunidad que en un alineamiento más profundo.

Solo unas horas antes del ataque estadounidense en el que resultó capturado, Maduro recibió en su palacio de Caracas la visita del diplomático chino Qiu Xiaoqi.

Primero bajo Hugo Chávez y luego con Nicolás Maduro, Caracas estrechó vínculos con Pekín a medida que sus relaciones con Washington se deterioraban. China se convirtió en el mayor financiador de Venezuela; los préstamos se pagaban principalmente con petróleo y, a cambio, Pekín aseguraba suministros energéticos y apoyo político.

Con el tiempo, la huella de China en Venezuela se volvió un símbolo de su mayor implicación en toda América Latina, donde busca mercados, recursos naturales y respaldo diplomático presentándose a sí misma como un socio respetuoso de la soberanía y la no injerencia.

Sin embargo, la expansión de China en América Latina enfrenta obstáculos crecientes: Panamá se retiró recientemente del proyecto insignia de infraestructura de China, la Iniciativa de la Franja y la Ruta, y un candidato respaldado por Trump, Nasry Asfura, ganó las recientes elecciones en Honduras, amenazando con restablecer vínculos diplomáticos con Taiwán después de que el país cambiara sus lazos de Taipéi a Pekín en 2023.

Por otra parte, algunos analistas han señalado que no se puede pasar por alto el revés que, al menos a priori, representa para China la captura de Maduro.

El presidente venezolano había resistido hasta ahora la presión de Estados Unidos para que dejara el poder y su caída puede hacer a muchos cuestionarse de qué sirve realmente el apoyo de Pekín, que envió un diplomático a Caracas a reunirse con Maduro pocos días antes de que este fuera capturado por militares estadounidenses.

Qué significa la captura de Maduro para Rusia

El presidente ruso, Vladímir Putin, recibió en mayo de 2025 a Maduro en Moscú.

Además de cuestionar cómo podría interpretar la situación China, el senador estadounidense Mark Warner también preguntó si las acciones de Estados Unidos podrían aumentar el apetito de Moscú por perseguir sus propios objetivos estratégicos mediante medios militares en lugar de diplomáticos: "¿Qué impide que Vladimir Putin alegue una justificación similar para secuestrar al presidente de Ucrania?", afirmó.

La respuesta de Rusia a la operación estadounidense en Venezuela ha sido, hasta ahora, moderada en medio de las largas vacaciones de Año Nuevo; aunque los diplomáticos rusos han condenado a Estados Unidos y han exigido la liberación del presidente Maduro, Vladimir Putin aún no ha hecho comentarios públicos.

Aun así, no cabe duda de que el Kremlin sigue de cerca los acontecimientos.

La situación deja a Putin en una posición difícil. Es posible que utilice la operación de EE.UU. en Venezuela para justificar su propia invasión de Ucrania: Ha acusado repetidamente a Occidente de tener un doble rasero, citando, por ejemplo, la guerra en Irak y el bombardeo de la OTAN en Yugoslavia.

Putin ha desconfiado de Estados Unidos durante mucho tiempo y ha criticado reiteradamente a Washington por interferir en los asuntos de otros países, describiendo esta estrategia como uno de los factores que socavaron las relaciones entre Rusia y Occidente. Es probable que la captura de Maduro en su propio dormitorio refuerce los temores del Kremlin respecto a los esfuerzos de cambio de régimen liderados por Estados Unidos.

Sin embargo, la retórica agresiva estadounidense sobre el derecho al liderazgo en "su propio hemisferio" sintoniza con la propia visión del mundo del Kremlin, que sostiene que Rusia tiene derecho a promover agresivamente sus intereses a lo largo de sus fronteras.

El Kremlin imaginó una vez una victoria rápida en Ucrania, pero a casi cuatro años de su invasión a gran escala, sus tropas siguen estancadas en el este de Ucrania, un marcado contraste con la rapidez de la operación de Trump en Venezuela.

Nicolás Maduro siendo trasladado por agentes en Nueva York.

Durante el último año, Putin ha esperado inclinar a Washington a favor de Moscú y debilitar el apoyo internacional a Kyiv. Esto ha ido acompañado de un notable cambio de tono: los funcionarios rusos, encabezados por Putin, han evitado generalmente las críticas directas al presidente Trump.

Y en un momento crítico de las negociaciones sobre la paz en Ucrania, es poco probable que Moscú quiera complicar aún más las relaciones con Estados Unidos.

En lo que respecta a su relación con Venezuela, Rusia se ha convertido en uno de los aliados clave del país, con vínculos de larga data que abarcan la cooperación energética, proyectos petroleros y suministros de armas.

Entre 2005 y 2017, Moscú vendió a Caracas armas por un valor superior a los US$11.000 millones, incluidos aviones Su-30 y sistemas de defensa aérea S-300, además de realizar ejercicios militares conjuntos.

El secretario de Defensa de EE.UU., Pete Hegseth, se burló el lunes de la utilidad de esos equipos. "Parece que esas defensas aéreas rusas no funcionaron tan bien, ¿verdad?".

Desde 2006, Moscú también otorgó un estimado de US$17.000 millones en préstamos y líneas de crédito, según cálculos de la agencia de noticias Reuters.

Estas fueron inversiones políticas más que económicas. Maduro fue uno de los pocos líderes mundiales que reconocieron a Crimea como rusa cuando Moscú se anexionó la península del Mar Negro en 2014, y respaldó la invasión de Ucrania.

Venezuela era uno de los últimos aliados incondicionales de Rusia. La detención de su líder representa un nuevo revés para los regímenes amigos de Rusia, en un momento en el que Moscú está obsesionado con la guerra en Ucrania.

Y hay antecedentes similares recientes. En Siria, las fuerzas de oposición derrocaron al aliado de Rusia, Bashar al-Ásad, en 2024. Irán, otro socio cercano de Moscú, sufrió ataques estadounidenses contra su programa nuclear hace unos meses, con poca resistencia visible por parte de Rusia.

En conjunto, estos casos plantean preguntas incómodas sobre el valor político y militar de la amistad con Rusia. Apenas el año pasado, Moscú y Caracas firmaron un acuerdo de asociación estratégica, pero cuando las fuerzas estadounidenses fueron a por Maduro, Moscú no tomó medidas para proteger a su aliado.

Puede que en Moscú exista la esperanza de que el esfuerzo de EE.UU. en Venezuela acabe desmoronándose, dada la falta de detalles de un plan a largo plazo y la ausencia de precedentes convincentes de un cambio de régimen exitoso de este tipo.

Moscú podría recordar la guerra afgano-soviética, que comenzó con una rápida toma del palacio presidencial en 1979 y derivó en un década de guerra y un costoso fracaso.

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BBC MUNDO

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