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Colombia aparenta estar en paz

Durante el tiempo que la mayoría de los colombianos puede recordar, su país ha estado en guerra consigo mismo.

Por ende, el escepticismo no era poco cuando el presidente Juan Manuel Santos hizo una visita sorpresiva a La Habana el 23 de septiembre y estrechó la mano de Rodrigo Londono, líder supremo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

La última vez que un presidente colombiano aceptó sentarse con el enemigo, en 1999, el comandante de las FARC dejó a Andrés Pastrana solo en la mesa de negociaciones.

Desde entonces, la silla vacía ha sido la metáfora más persistente de Colombia para la debacle política.

Las tratativas no han terminado; el gobierno y los guerrilleros tienen todavía seis meses más de negociación, mucho tiempo para el retroceso o el sabotaje.

Y sólo al final del proceso, y sólo si éste resulta exitoso, el tiroteo concluirá y las Farc comenzarán a entregar sus armas.

Pero después de tres años de negociaciones intensas y de diplomacia extraoficial por parte de los Estados Unidos y Cuba, más las bendiciones del papa Francisco, el país más conflictivo del Hemisferio Occidental parece estar al borde de la paz.

Las conversaciones en Cuba fueron tensas. Pero no se esperaba otra cosa de la guerra contra la insurrección marxista alimentada por la cocaína que cobró unas 220,000 vidas.

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