La profesión del antropólogo dominicano como tal se reparte entre la disciplina y su gremio, los cuales se agrupan fundamentalmente a través de la Asociación Dominicana de Antropología (que erróneamente se denomina Sociedad Dominicana de Antropología, SODAN), el Instituto Dominicano de Investigaciones Antropológicas (INDIA) y la Escuela de Antropología e Historia (EAH), de la universidad estatal. Tanto el INDIA como la EAH son entidades oficiales, dependientes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), no del Ministerio de Cultura.
El primero, guía la investigación científica y la política pública en dicho campo; la segunda, representa el espacio de encuentro y construcción colectiva de promoción, aplicación y divulgación de las antropologías y arqueologías en el país; es decir, la formación profesional de futuros profesionales.
El INDIA fue creado el 4 de abril de 1947, fundado por Emil Boyrie de Moya –el primer arqueólogo dominicano–, y la Escuela de Antropología y Geografía, luego Antropología e Historia, entre 1960-70, por Luciano Castillo Domínguez, pionero de la antropología dominicana y fundador de la Carrera de Antropología en el país. Por eso, la colegiación debe suceder por convicción y con verdadero enfoque.
Pero, con toda esta necesaria trayectoria, pues, el momento de la Colegiación de los antropólogos, todavía no representa la transformación que va de ser una simple asociación a ser un organismo regulado por el Estado, mediante una ley de colegiación. A toda luz, resulta evidente que no están preparados, ya que no pueden ver la diferencia entre ambas organizaciones.
Mientras en la SODAN, la filiación es voluntaria y las actividades carecen de marco legal, en el colegio es obligatorio ser miembro, tanto para proteger al antropólogo, como para sancionarlo. En la colegiación se ventilan atribuciones que una asociación no tiene, como puede ser “regular determinados aspectos del ejercicio profesional”, “establecer normas éticas y representar oficialmente a la profesión”.
Considerando que hay en curso un intento de aprobar una institución con el nombre Colegio de Profesionales de Antropología (COPARD), y de acuerdo con los informes que tenemos, la misma ha sido depositada a título personal de alguien, en fecha 18/8/2026, en la curul del senador Félix Bautista Rosario, no por los canales de la directiva de la Asociación de Antropólogos vigente. Amén de lo único que solicitan al Senado es ser reconocidos, cuando lo propio sería obtener mejor retribución salarial para los antropólogos, proponer normas de contratación y promoción de antropólogos sociales y etnohistoriadores al servicio del Estado.
Por todo lo anterior, concluimos que quieren desaparecer a la SODAN (2012) y reemplazarla por un colegio que, en realidad, no saben sus promotores para qué y cómo funciona; además, ha sido deshonesto promoverlo sin dar parte a la directiva oficial, que agrupa a los profesionales de la antropología.
La prueba está contendida en los estatutos que se introdujeron, que nadie ha visto, la Comisión de Ética que visiblemente luce copiada de algún sitio, cuando es un derecho de los miembros del gremio oficial hasta ahora, aprobar todo, para que los legisladores reconozcan que es una voluntad colectiva, no un proyecto egoísta e individual de alguien.
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