Ciudades sostenibles, mejoran convivencia y la salud mental

  • El ruido constante, tráfico agresivo y contaminación visual incrementan el estrés. Desafíos. Además de reducir huellas de carbono, urge una ciudad más humana.

Ciudades sostenibles
Ciudades sostenibles

Santo Domingo.- Además de fortalecer la capacidad de respuesta frente a los desastres naturales, las ciudades sostenibles no se limitan a la reducción de huellas de carbono y que haya una amplia vegetación.

Para la arquitecta Heidi González Pimentel, hablar de ciudades sostenibles se ha vuelto obligatorio al abordar el tema urbano, y para ella es necesario ampliar el concepto más allá de métricas ambientales como la reducción de emisiones, la eficiencia energética o la gestión de residuos, para incorporar una dimensión menos visible y quizás más urgente: La salud emocional de quienes habitan la ciudad.

“Las ciudades sostenibles también son emocionalmente sanas, además de reducir su huella ambiental considera cómo el entorno regula el estrés, mejora la convivencia y fortalece la salud mental colectiva de sus ciudadanos”, comenta la profesora investigadora responsable de la línea de neuroarquitectura de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU).

Como profesional del diseño y neurociencia para crear espacios que mejoran el bienestar, la salud y productividad, la profesional entiende que una ciudad sostenible además de más verde es más humana.

“Si lo analizamos desde perspectivas como el tráfico, la presencia de naturaleza o el ritmo de la ciudad, estos son indicadores del sistema urbano, y también de la calidad de vida que la ciudad genera. El entorno urbano tiene un impacto directo sobre el sistema nervioso de las personas”, afirma.

Indicadores

De ahí, que el ruido constante, el tráfico agresivo y la contaminación visual mantienen al cuerpo en un estado de alerta permanente, elevando los niveles de estrés. Las ciudades que incorporan estrategias sostenibles como una movilidad más eficiente, reducción del tráfico vehicular y control de la contaminación auditiva, no sólo mejoran los indicadores ambientales, sino que transforman de forma directa la experiencia cotidiana de sus ciudadanos.

“Al disminuir la exposición constante al ruido, congestión y saturación del espacio urbano, se reduce la activación del sistema de estrés del cuerpo. Esto se traduce en personas que viven con mayor calma, mejor capacidad de concentración, menos fatiga mental y una sensación más estable de bienestar en su día a día”, reflexiona.

La presencia de vegetación en la ciudad más que un elemento decorativo, es una herramienta biológica de regulación emocional.

Estudios en neurociencia ambiental demuestran que los espacios verdes contribuyen a reducir la ansiedad, mejorar la atención y favorecer la recuperación mental. Por ello, las ciudades sostenibles integran parques, corredores verdes, arborización urbana y techos vegetales.

Un cambio de ritmo

— Desaceleración
Una ciudad sostenible además de organizar el espacio y generar tranquilidad mental de sus habitantes, propone, además, algo más profundo: un cambio de ritmo, y en esa desaceleración surge la posibilidad de habitar el presente sin la presión constante de la prisa y el desorden.

Sobre el autor

Yanet Féliz

Periodista con amplia experiencia en temas de medio ambiente y ciudadanía.