Ciudadanía activa y bienestar social

Altagracia Suriel
Altagracia Suriel

Una ciudadanía activa y participativa es fundamental para el avance de la democracia y el desarrollo. John Dewey planteaba que “una democracia es más que una forma de gobierno; es, ante todo, un modo de convivencia, de experiencia compartida y comunicada”.

La apatía y la indiferencia ante lo público es cómplice de todas las desgracias que afectan a la sociedad. Ya lo decía Edmun Burke: “Para que el mal triunfe, sólo se necesita que los buenos no hagan nada”.

Los ciudadanos tenemos la responsabilidad de involucrarnos en acciones positivas que contribuyan a expandir los valores. No puede pasar de largo frente la necesidad de hacer crecer el bien. Si nos volvemos sordos, ciegos y mudos se multiplica y se amplifica el mal.

Jesús dijo que los hijos de las tinieblas son más astutos de la luz. Hay muchos involucrados en sembrar el mal en el mundo promoviendo vicios y delincuencia. El micro y narcotráfico han crecido de forma vertiginosa porque tienen redes de involucramiento muy efectivas. Para luchar contra este flagelo, y con todo lo que daña la dignidad humana, se necesita más gente involucrada en causas éticas y transformadoras.

El involucramiento es el mecanismo idóneo para generar un efecto multiplicador de lo que queremos afianzar en las familias y en la sociedad. Cruzarse de brazos es cerrar los ojos ante lo que mata espiritualmente y moralmente al ser humano. La actitud de avestruz, el no reconocer los problemas y no asumir protagonismo en solucionarlos hace que estos se magnifiquen.

Es muy común escuchar a la gente quejarse de que la violencia nos está arropando y de que los antivalores están carcomiendo la sociedad. Lo que no es común son las interrogantes propositivas: ¿qué puedo hacer para ver menos basura en las calles? ¿Qué puedo hacer para que paren los feminicidios y suicidios? ¿Qué puedo hacer para que exista menos pobreza? ¿Qué puedo hacer para que se reduzca la violencia? ¿Qué puedo ser para que mi país sea mejor? Involucrarme, ser parte de la solución, no del problema. Ese es un imperativo para los ciudadanos responsables.

Sobre el autor

Altagracia Suriel

Columnista de El Día