Cinco esquinas, novela de Vargas Llosa

José Mármol
José Mármol

A un Premio Nobel de Literatura, Vargas Llosa lo obtuvo en 2010, se le suele exigir más allá de lo humanamente posible, cuando de publicar nuevas obras se trata.

El autor de “Cinco esquinas” (con e minúscula en el título), su más reciente novela, publicada el 3 de marzo de 2016, por el sello Alfaguara, dijo al recibir el máximo galardón de las letras universales que él no se convertiría en una efigie, que seguiría escribiendo.

En el mismo 2010 publica “El sueño del celta”; en 2012 el ensayo “La civilización del espectáculo” y en 2013 “El héroe discreto”. Nada geniales en ningún caso.

No obstante, es en “Cinco esquinas” donde el escritor del “boom”, el mejor momento histórico de la literatura de habla hispana, se reencuentra con su característico y fisiológico estilo flaubertiano, su prosa incisiva y su imaginación calculada, logrando reinventarse en un “thriller”; inspirándose, como le es habitual, en la experiencia vivida, muy particularmente, en la historia reciente del Perú, teniendo como telón de fondo la violenta, insegura, decadente, despótica y corrupta época de Alberto Fujimori (1990-2000) y su asesor Vladimiro Montesinos, enfrentados a Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru.

El barrio Cinco Esquinas (con E mayúscula en el relato) es una zona ubicada en Barrios Altos, en la Lima colonial, donde, luego de un período de esplendor, hoy imperan la miseria, podredumbre, hacinamiento, analfabetismo, marginación y violencia.

“Los mismos callejones y quintas parecen existir desde la época que yo era joven y se han ido deteriorando, llenando de basura y de una especie de subhumanidad, de gentes muy marginales que han abandonado las esperanzas”, confiesa en Madrid Vargas Llosa, al ser entrevistado, en “El País”, por Verónica Ramírez Muro, el 3 de mayo de 2015.

En la trama se alternan varias perspectivas, técnica en la que Vargas Llosa es un maestro, y prevalecen seis líneas narrativas, empezando por la del empresario minero Quique Cárdenas, víctima de un chantaje periodístico y casado con Marisa, quien inicia con Chabela, mujer del abogado Luciano, su mejor amigo, un intenso romance lésbico; seguida del director de la revista sensacionalista y farandulera Destapes, Rolando Garro, el chantajista, quien extorsiona a ricos y políticos opositores bajo las órdenes del Doctor, Vladimiro Montesinos, acompañado de la redactora líder, Julieta Leguizamón (La Retaquita); luego, un personaje oscuro, eslavo que contrata al fotógrafo de la revista de escándalos y difamación, Ceferino Argüello, para hacer fotos de una orgía, clave del posterior chantaje al empresario; la de Juan Peineta, recitador mediocre, constantemente atacado por Destapes; la línea que, a la altura de los capítulos XX y XXI, reafirma el portento idiomático que trasluce la técnica escritural de Vargas Llosa, mediante la simultaneidad dialógica y el collage periodístico como recursos expresivos de la escritura creativa, y por último, aquella que sitúa la atmósfera narrativa en la pestilencial realidad política de corrupción y crimen en que Fujimori y Montesinos hundieron al Perú de final del siglo XX, con la complicidad de policías, militares y políticos degenerados y mercuriales.

Esta formidable novela es un descarnado fresco social en el que personajes y situaciones ficticias representan la descomposición y putrefacción del Perú moderno a manos de un delirio causado por la sed de poder omnímodo y el hambre de enriquecimiento vertiginoso mediante mecanismos ilícitos y actos criminales.

Es una denuncia, a través de un reconocimiento al periodismo ético, del déficit moral y la manipulación política que subyugó el ejercicio de la información bajo aquel régimen, con secuelas en cierto periodismo del tiempo presente.
Les convido a su lectura.