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Cierre del 2025 y una economía rezagada

El cierre del año 2025 ha implicado también la culminación del primer cuarto del siglo XXI. Para la economía dominicana, en ese período se produjeron tres momentos catastróficos que perturbaron la actividad económica, tales como la crisis bancaria de 2003-2004, la presencia de la pandemia en 2020 y la desaceleración de la economía en 2025, deteriorando así el factor confianza.

Al economista Adam Smith se le atribuye haber sido el primero en advertir la importancia que juega la institucionalidad en el crecimiento económico, planteamiento resaltado posteriormente por el premio Nobel de Economía Douglas North.

Existen evidencias irrefutables del vínculo íntimo entre crecimiento económico e institucionalidad, lo que significa que, en aquellos países donde hay mayor debilidad institucional, por lo regular la economía tiende a interrumpir su ritmo de crecimiento, dando lugar a un crecimiento del PIB mediocre.

Cabe resaltar que los países cuyos gobiernos se aferran a lo establecido en una constitución escrita, donde el sistema judicial no responde a los mandatos del gobierno y hace cumplir las estipulaciones o contratos de manera justa y dentro del marco de la ley, tienden a mostrar mejores resultados en los indicadores macroeconómicos.

Sin embargo, lo contrario ocurre donde el gobierno se coloca al margen de la ley y la Constitución, operando con estructuras de corrupción. Debe ponderarse que el crecimiento económico induce cambios en la estructura económica, cuyo patrón de comportamiento favorece el desarrollo en muchas economías en crecimiento, cimentadas en la institucionalidad.

Si se acepta como válido lo planteado por los economistas Sachs y Larraín (2015), de que el crecimiento económico trata del aumento en la cantidad de bienes y servicios producidos per cápita durante un período de tiempo, entonces la importancia de este indicador radica en que impulsa el progreso social, mejora la calidad de vida y aumenta los recursos disponibles.

Desde esta perspectiva, es un axioma que el crecimiento económico constituye un factor primordial para el desarrollo de un país, cuya relevancia abarca una amplia gama de aspectos, como la mejora del nivel de vida de la población, la estabilidad macroeconómica y la competitividad global.

Bajo el enfoque planteado, se interpreta que, en la medida en que la economía crece, el gobierno tiene mayor capacidad para impulsar la inversión en servicios públicos como la salud y la educación, mitigar la pobreza, crear empleo y generar bienestar general, inclusivo y sostenible, en beneficio de la gran mayoría y sin causar daños al medio ambiente.

Y ha de ser así, en el entendido de que el crecimiento económico es esencial para el desarrollo integral de un país, expresado en el fomento de la innovación, la estabilidad macroeconómica y la estabilidad financiera, impulsando la sostenibilidad del crecimiento económico a largo plazo.

Asumiendo los criterios planteados y observando el comportamiento de la economía dominicana en 2025, se puede arribar a la triste conclusión de que, durante todo el año, la economía transitó por una etapa de rezago muy preocupante.

Esto se fundamenta en que, desde febrero de 2025, todas las proyecciones de crecimiento del PIB fueron decepcionantes, si se considera que se apostaba a un crecimiento de 4.75 % y que las revisiones posteriores apenas arrojaron un crecimiento de 2.2 %, lo que representa una caída superior al 50 % y muy alejada del otrora potencial de crecimiento que ha exhibido la economía dominicana.

La fragilidad y el derrumbe en los que cayó la economía dominicana en 2025 se evidencian en la alta dependencia de factores externos como el turismo, la inversión extranjera y las remesas familiares, lo que indica la existencia de rezagos en la actividad económica, ya que la dinámica interna no se resalta en los informes del Banco Central.

A pesar de los grandes esfuerzos de la política monetaria, los estímulos no surtieron los efectos esperados y las tasas de interés frenaron a sectores estratégicos como la construcción, la industria y las pequeñas y medianas empresas.

Por el lado de las finanzas públicas, el incremento del déficit presupuestario ha sido cubierto con frecuentes emisiones de deuda soberana; la inversión pública se mantuvo ampliamente rezagada y las transferencias al sector eléctrico no lograron frenar las pérdidas.

El comportamiento del PIB sectorial muestra una desproporción alarmante, pues lo que predomina es la pérdida del factor confianza, el incremento de la incertidumbre, el deterioro progresivo de la institucionalidad, un asalto vergonzoso al erario público sustentado en una estructura de corrupción sin precedentes y una economía que se presenta como un vendaval sin rumbo. Con ese panorama cerró el año 2025.

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Economista-Abogado
Máster y Doctorado en economía
Catedrático de la UASD

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