China y la corrupción

Frederich E Berges
Frederich E Berges

Esta es la tercera y última entrega sobre China, el gigante asiático valorado tanto en términos positivos como el caso de la educación, como en lo negativo, como cuando quiere privar los individuos de sus libertades fundamentales.

China hoy vive una enorme expansión económica, en gran parte ha sido y es el motor del desarrollo mundial, debido a su voracidad por materias primas, y sus exportaciones abaratadas gracias a la abundancia de mano de obra infra protegida y mal compensada.

Sin embargo, el crecimiento en China, país con la tercera extensión geográfica más grande del mundo (corrección sobre nuestro artículo anterior), ha traído consigo también uno de los lados más oscuros de la perversidad humana: la corrupción. Gracias al control estatal de los medios de producción y comercialización de bienes y servicios, innumerables funcionarios, y sobre todo los familiares cercanos de las cúpulas políticas, han amasado en el exterior enormes fortunas derivadas del tráfico de influencias.

Miles de empresas de las denominadas “off shore”, establecidas en paraísos fiscales, registran hoy en día esas opacas fortunas, que en muchos casos son disfrazadas como elementos necesarios para la competitividad global, depositadas diariamente mediante transferencias entre grandes bancos internacionales, conocedores del origen gris oscuro de dichos capitales, pero sordos y ciegos a sus manejos.

Esta nueva realidad viene a ser otra de las grandes amenazas que giran en torno a la hegemonía del sistema político Chino, y constituyen una lección para todos, incluyendo a los dominicanos. No importa cuál sea el sistema socio-político en el cual una sociedad decide vivir, no habrá desarrollo si el mismo no respeta las libertades, y si no elimina el fantasma corrosivo de la corrupción.

Debemos aprendernos esa verdad, o eventualmente nuestro sistema político podría sucumbir, como ya vimos sucedió en Cuba, y más reciente, Venezuela.