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¡Celebremos la vida!

Propongo que acorralemos las tensiones. Que nos opongamos a dejar que sigan moldeando nuestras vidas. Que en medio de los tramos de una cotidianidad signada por las tribulaciones y las urgencias impongamos una brevísima pausa para celebrar la vida.

¿Qué significa celebrar la vida? Es vivir con gratitud, alegría y sin miedo. Abrazar con fervor cada momento; honrar la existencia propia y la de todos los que rodean nuestro entorno.

Valoremos los valores.

Identifiquemos nuestros sueños y profundicemos en una constante reflexión sobre la importancia de luchar por ellos hasta alcanzarlos.

Reconozcamos que la vida es un regalo que merece ser honrado en cada instante. Que a medida que incentivamos las relaciones nos fortalecemos más.

Celebremos la vida como un acto de conexión con los demás. Empatizar, solidarizarse hace menos pesada cualquier carga. Es una necesidad orgánica que nos permite compartir, refundirnos y fortalecernos en comunidad.

Reconozcamos el valor intrínseco de cada quien, más allá de sus logros o posesiones. Fomentemos el amor propio, el respeto y la autoafirmación.

Vivamos el ahora, no el ayer ni la proyección hacia el mañana. Simplemente ser.

Dejémonos de miedos y preocupaciones para vivir el presente con alegría, aceptando la vida sin resistencia y honrándonos a nosotros mismos.

Establezcamos metas. Ahora que nos acercamos al último tramo del año, actuemos con propósitos, vivamos de acuerdo con nuestros valores más íntegros y profundos.

Pasemos balance a lo que hemos aprendido para seguir creciendo y mejorando.

Enfaticemos en que la vida es un bien que merece ser eternamente celebrado. Que los cumpleaños son oportunidades para reflexionar sobre el crecimiento. Para agradecer y reconfirmar la existencia.

Hagamoslo antes de que nos sorprenda el indetenible paso del tiempo sin expectativas. Sin que en su momento tengamos que maquillar nuestra biografía.

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