¿A casa llena?
Se cuestionan la razón por la que los juegos Águilas-Licey, ida y vuelta, son los únicos que se realizan a casa llena. Dondequiera que surge el tema relucen: precios, transporte, inseguridad, mercadeo, bulla, calidad, todos valederos.
En el campo puramente deportivo hay una razón poderosa avalada por una rivalidad atlética y regional, ya no tan nueva.
En la década de los ’70 las coronas se repartieron equitativamente Licey (70, 71, 73, 74, 77), Águilas (72, 75, 76, 78, 79).
El Escogido se coronó en 1981 y obtuvo seis coronas hasta 1992, logrando su era de mayor esplendor.
Transcurrieron 18 años y otra vez Águilas (10) y Licey (6) se llevaron los cetros, con una ñapa para Azucareros en 1995. En total, Águilas (10) y Licey (9) han ido a la final 19 veces; Águilas (7) y Escogido (6), 13 veces y Licey (5) y Escogido (2), siete ocasiones.
Los “eternos rivales” no van desde 1999. Esos triunfos de azules (39%) y amarillos (32%) se traducen en adquisición de fanáticos (71% de acuerdo a Gallup). El Escogido, con tres coronas en cuatro años, y tres finales seguidas, construye una nueva etapa de captación de aficionados. ¿Se llenará la casa?
