Carpe Diem: ¿Pecado o delito?

José Mármol
José Mármol

El Sumo Pontífice Francisco, la personalidad mundial más destacada del año 2013 y el líder carismático, sencillo, franco y humano que la Iglesia católica y la humanidad misma ansiaban tener, dijo categóricamente frente a la pederastia que “se perdona el pecado, no el delito”.opinion02

No se trata de una diferencia sutil ni de una pirueta semántica.

Persigue establecer con meridiana claridad la diferencia tajante entre una acción pecaminosa y una delictiva o delincuencial.

La primera corresponde juzgarla, al amparo de la confesión fideísta, a la Iglesia y sus dogmas. Se peca al quebrantar la palabra o el mandamiento de Dios. La segunda, en cambio, corresponde juzgarla, al amparo de las leyes y el Estado, al Poder Judicial.

Se delinque contra la ley, la norma y el pacto social sustentado en la jurisprudencia.

El pecado se redime a través del perdón, la penitencia y la inagotable y paciente misericordia del Todopoderoso. El delito, por su parte, se redime con el cumplimiento de la condena y con el resarcimiento del inculpado sobre el daño, a veces irreparable, infligido a la sociedad.

En ocasiones excepcionales, y sobre la presunción del Estado de sentirse Dios, se perdona a delincuentes o a personas que han infringido la ley a través del mecanismo del indulto.

La señal de perdón más relevante en los últimos tiempos la marcó el papa Juan Pablo II, cuando, luego de sobrevivir al atentado de 1981, decide visitar al turco Ali Agca, su agresor, quien guardaba prisión a consecuencia del intento de homicidio, y frente a él, apenas dos años después, en un gesto de magnánima compasión y entereza, le manifiesta su perdón y le abraza en su celda.

Solo en Jesucristo se conoce un precedente de esa dimensión, cuando clavado en la cruz clama al Padre diciendo: “Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen”.

Son las palabras que definen los paradigmas éticos de un nuevo orden en la humanidad, que la humanidad misma se ha resistido, en más de dos milenios, a poner en práctica.

Sin embargo, notemos que Juan Pablo II perdona el pecado de Agca porque viola el quinto mandamiento de Dios a Moisés. Sin embargo, el agresor cumple la pena que le impone la sociedad por el delito que perpetró.

A la luz de esta modesta reflexión y ajustándome al contexto jurídico político y religioso de nuestro país me pregunto: ¿la corrupción qué es, un pecado o un delito? El perjurio, sobre todo si se ostenta un cargo público, ¿es pecado o es delito? El crimen de cuello blanco, ¿es pecado o es delito? Malversar los recursos del erario en perjuicio de la sociedad y provecho propio, ¿es pecado o es delito? Legislar para beneficio propio, en desmedro del interés común, ¿es pecado o es delito? Investirse de cierta autoridad para con ella violar las leyes a diestra y siniestra, ¿es pecado o es delito?

Pasarse un semáforo en luz roja, poniendo en riesgo la vida de los ciudadanos, ¿es un pecado o un delito? Todo parece indicar que aquí confundimos adrede los términos y que la confusión tiene visos de impunidad.