Cantante Cristina Llanos revela el infierno que escondía tras el éxito

Cristina Llanos
Cristina Llanos

España.- Corrían los últimos años de los noventa cuando dos hermanas madrileñas aparecieron dispuestas a acabar con todo lo que conocíamos. Eran españolas, cantaban en inglés, vestían como querían y hacían un rock que poco tenía que ver con lo que sonaba entonces en nuestro país. Cristina y Amparo Llanos convirtieron a Dover en un fenómeno que atravesó generaciones y Devil Came to Me en el himno que miles de personas cantaban sin importar demasiado si entendían o no cada palabra.

Vendieron cientos de miles de discos, llenaron conciertos y recorrieron medio mundo. Después llegaron los cambios de sonido, las críticas y, finalmente, un fundido a negro. Dover se disolvió en 2016 y Cristina prácticamente desapareció de la vida pública. Ahora, diez años después, aquella voz vuelve a escucharse, aunque no desde un escenario.

El próximo 2 de septiembre, a los 50 años, publica La noche cayó y ya nadie pudo salvarme, unas memorias en las que abre por primera vez las puertas de aquellos rincones oscuros por los que transitaba mientras sus seguidores la contemplaban como una estrella. Detrás de la cantante de pelo corto, pantalones anchos y voz desgarrada había una mujer que llevaba años librando una batalla de la que prácticamente nadie sabía nada.

El trauma que quebró su juventud

Cristina tenía 18 años cuando una noche de 1994 regresaba a su casa de Majadahonda en autobús. Un hombre al que conocía de vista se bajó en su misma parada, comenzó a seguirla y terminó agrediéndola sexualmente.

En sus memorias sitúa aquella noche como una fractura definitiva. "Así llegó el fin del mundo como lo había conocido hasta esa noche", escribe. Durante mucho tiempo guardó silencio e intentó comportarse ante los demás como si nada hubiera sucedido.

Aquella experiencia agravó unos problemas que habían comenzado antes. Cristina cuenta que convivía con la depresión desde los 16 años y relata también una infancia y adolescencia marcadas por el miedo a su padre, del que describe episodios de violencia hacia ella y sus hermanos.

A ese periodo de depresión, trastornos alimentarios, miedo y aislamiento lo bautiza en sus diarios como "El Marasmo".

La música como salvación

Paradójicamente, mientras su vida personal se oscurecía, la música se convirtió en su mejor terapia y Dover comenzó a despegar. En 1995 publicaron Sister, su primer álbum, del que apenas vendieron 500 copias. Dos años después, Devil Came to Me las convirtió en un fenómeno, con cientos de miles de discos vendidos, premios y giras internacionales.

Cristina bautiza aquellos años como "El Milagro". Más que un éxito profesional, Dover se convirtió en su refugio frente a todo lo demás. De aquella vorágine conserva recuerdos como el día en que Amparo le cantó por teléfono por primera vez DJ, otro de sus futuros grandes éxitos: "Qué alegría, ¿eh?".

Cristina Llanos, Dover
Dover fue una de las bandas más rompedoras del rock español, con las hermanas Cristina y Amparo Llanos al frente de un grupo que triunfó cantando en inglés y marcó a toda una generación. (@ Europa Press)Más

La cruda realidad detrás del escenario

Las memorias también desmontan cualquier imagen idílica de la vida de una estrella del rock. Mientras Dover recorría Europa y Estados Unidos en furgonetas y autobuses, Cristina sufría colon irritable.

En 2000 participaron en el Vans Warped Tour y compartieron autobús con los siete integrantes de Flogging Molly y sus técnicos. Para una artista en pleno éxito podía ser una experiencia soñada; para alguien con sus problemas intestinales, no tanto.

Dover, mientras tanto, seguía creciendo. Llegaron I Was Dead for 7 Weeks in the City of Angelsen 2001,The Flameen 2003 y, en 2006, el giro hacia el pop y la electrónica deFollow the City Lights.

Cristina Llanos y su Amparo Llanos
Cristina Llanos se convirtió junto a su hermana Amparo en uno de los grandes referentes del rock español de finales de los noventa (@ Getty Images)

Miles querían ser Cristina mientras Cristina quería ser otra

Probablemente sea una de las contradicciones más poderosas de su relato. Mientras toda una generación veía en Cristina Llanos un referente precisamente porque no se parecía a nadie, ella atravesaba una etapa en la que deseaba desesperadamente ser otra persona, encajar.

Cambió su pelo, primero pelirrojo, después rubio y finalmente oscuro, y reconoce que vivió lo que define como su época de "querer contentar a todos, a cualquiera", algo que, con la perspectiva que dan los años, sabemos que resulta prácticamente imposible. Miles de chicas querían ser ella mientras ella quería ser otra.

A esa lucha se sumaba otra mucho menos visible: su complicada relación con la comida. La anorexia había aparecido durante su adolescencia y, según relata, entre los 30 y los 40 años pasó una década prácticamente sin alimentarse. "La anorexia es un aspirador de vida. Te la roba", escribe. Recuerda llegar de los ensayos con tanto frío que necesitaba permanecer pegada a un radiador hasta dejar de tiritar.

El declive físico y la despedida de Dover

A los 33 años comenzaron además los problemas físicos que terminarían cambiándolo todo. Cristina explica que la fibromialgia que padecen tanto ella como Amparo empezó a manifestarse de manera preocupante y que sus problemas afectaron a sus cuerdas vocales.

Para alguien que había encontrado precisamente en cantar su refugio, aquello fue devastador.

Sentía que estaba perdiendo aquello que le daba valor. El 8 de abril dejó escrito: "Y así fue como, por fin, aun muerta de miedo y pena, dejé marchar al Milagro".

Dover todavía continuó varios años. En 2010 llegó I Ka Kené, el controvertido disco de inspiración africana, acompañado por una gira mucho más pequeña y conciertos que en algunos casos apenas reunían público. En 2015 intentaron recuperar sus raíces rockeras con Complications. Un año después, Dover se disolvió definitivamente.

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Agencias