José Báez Guerrero
José Báez Guerrero

Creo acertar si opino que aquí ningún otro presidente democrático desde 1961 ha recibido más elogios, reconocimientos y lisonjas que Luis Abinader. La mayoría son muy merecidos, pues se refieren a sus logros demostrables por métricas reconocidas por organismos internacionales, entidades no partidistas u observadores imparciales.

No hay semana en que, a falta del piropo por terceros, la maquinaria de propaganda, prensa, publicidad y relaciones públicas, descanse en su empeño por controlar la narrativa y mantener la imagen de nuestro superpresidente. A esto se suma el adanismo y el abuso del calificativo favorito de muchos cándidos voceros oficiales: “Histórico”. Esto facilita a los opositores sus intentos de descalificación o burla, refiriéndose más a la avasalladora comunicología que molestándose con ofrecer refutaciones basadas en buenos argumentos o data confiable. No recuerdo si fue algún romano o Lincoln que dijo que nada ofende tanto a un político ordinario que escuchar de sus leales amigos alguna verdad incómoda.

A los estadistas les ofende más escuchar mentiras. Abinader es sin dudas un político extraordinario. Sin embargo, para superarse a sí mismo, en los 22 meses que restan a su gobierno, deberá poner atención a asuntos que empañarán su legado.

Dos son el empeoramiento de la quiebra y fracaso de las EDE (y reciente declive de Punta Catalina) y recobrar el pleno control de la instrucción pública estatal, secuestrado por la ADP. Estas y otras cananas no podemos ignorarlas quienes somos sinceros al elogiar los muchísimos éxitos del presidente y su gobierno.

Sobre el autor

José Báez Guerrero

Abogado, periodista y escritor dominicano.