Para un dominicano hablar de tristeza producida por el clima es algo que no tiene una explicación racional.
El permanente calor que caracteriza el ambiente caribeño nos impulsa a ser alegres, ruidosos y estar en permanente acción.
Sin embargo, la realidad de quienes viven en otras latitudes con largos periodos fríos es muy distinta.
Menciono a los dominicanos porque es la realidad que mejor conozco, pero la verdad es que el grueso de las personas, en especial los adultos mayores, visitan con más frecuencia a su médico de cabecera y se reportan enfermos en los trabajos en época de invierno que en temporadas cálidas.
Los Estados Unidos recibieron la primavera y las temperaturas han tenido picos de hasta 84 grados Fahrenheit; los cuales equivalen a unos 30 grados Celcius.
Los rayos solares y el calor producen una euforia adicional en ese mismo público que se retrae durante los meses de otoño-invierno.
La llegada de la primavera este año, a diferencia del pasado año, ha sido un tiempo más cálido y activo. La alegría de la gente se siente y se ve en los parques, en las playas y lugares abiertos donde las familias y los amigos se congregan para cocinar al aire libre mientras comparten.
Es preciso adaptarse a las realidades en que cada uno tiene que vivir.
Mas, eso no quiere decir que sea placentero; al contrario, la inclemencia del medio ambiente junto a las barreras del idioma son de las principales razones para que muchos dominicanos digan una y otra vez que se irán de retirada a su natal República Dominicana, donde 30 grados Celcius es un promedio por excelencia.
Festejar la pasada celebración del Día de las Madres en ambientes abiertos, debido al calor, proporcionó mucha felicidad a muchos.
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