Calor también es alegría

Dilenia Cruz
Dilenia Cruz

Para un dominicano hablar de tristeza producida por el clima es algo que no tiene una explicación racional.

El permanente calor que caracteriza el ambiente caribeño nos impulsa a ser alegres, ruidosos y estar en permanente acción.

Sin embargo, la realidad de quienes viven en otras latitudes con largos periodos fríos es muy distinta.

Menciono a los dominicanos porque es la realidad que mejor conozco, pero la verdad es que el grueso de las personas, en especial los adultos mayores, visitan con más frecuencia a su médico de cabecera y se reportan enfermos en los trabajos en época de invierno que en temporadas cálidas.

Los Estados Unidos recibieron la primavera y las temperaturas han tenido picos de hasta 84 grados Fahrenheit; los cuales equivalen a unos 30 grados Celcius.

Los rayos solares y el calor producen una euforia adicional en ese mismo público que se retrae durante los meses de otoño-invierno.

La llegada de la primavera este año, a diferencia del pasado año, ha sido un tiempo más cálido y activo. La alegría de la gente se siente y se ve en los parques, en las playas y lugares abiertos donde las familias y los amigos se congregan para cocinar al aire libre mientras comparten.

Es preciso adaptarse a las realidades en que cada uno tiene que vivir.

Mas, eso no quiere decir que sea placentero; al contrario, la inclemencia del medio ambiente junto a las barreras del idioma son de las principales razones para que muchos dominicanos digan una y otra vez que se irán de retirada a su natal República Dominicana, donde 30 grados Celcius es un promedio por excelencia.

Festejar la pasada celebración del Día de las Madres en ambientes abiertos, debido al calor, proporcionó mucha felicidad a muchos.