Caídas estrepitosas
Cuando se alcanza la gloria en cualquier actividad, hay que tener suficiente fortaleza para mantenerla incólume, sin fallos que echen todo a la deriva.
Pero no todos los que llegan a la cima están en capacidad de conocer sus fortalezas y debilidades.
Las sociedades son como una esponja, en ocasiones absorben los errores, pero en otras son implacables, incluso por casos intrascendentes.
Es por ello que cuando se logra el reconocimiento colectivo hay que caminar bien derechito para no caer en debilidades que agrieten la imagen positiva que se obtiene mediante hechos trascendentes en cualquier actividad.
Muchos grandes héroes, políticos, científicos, artísticos y deportivos se han desmoronado, de la noche a la mañana, porque desconocen la dimensión de su figura.
El caso de Pete Rose es solo un ejemplo de cómo se cae de héroe a “delincuente” y se pierde todo el respeto del soberano.
El mundo está al revés, y en nuestro país son muchos los que han caído.
Por eso, cabe como anillo al dedo las palabras del arzobispo Meriño cuando dijo que “aquí es tan fácil pasar del destierro al solio como del solio a la barra del Senado”.
