Buenaventura Báez

Frederich E Berges
Frederich E Berges

Soy lector que promedia unos cuatro libros al mes, tanto novela, historia, o de carácter profesional. Es así como he podido aprovechar estos días de asueto navideño y completar las lecturas de “Así empezó lo malo”, de Javier María; “Las tres estaciones”, de Martín Cruz, y “Buenaventura Báez” de la pluma del apreciado amigo José Báez Guerrero.

Este último, el titulado “Buenaventura Báez”, representa una visión histórica del periodo comprendido entre el establecimiento de nuestra república y el cierre del siglo con la muerte de Ulises Heureaux; siempre desde el punto de vista de quien fuera cinco veces presidente de nuestro país. La obra se caracteriza por varios elementos que llaman la atención.

La primera es el detalle con el cual se enmarcan los hechos expuestos, teniéndose en cuenta no tan solo lo acontecido con los que compartimos esta isla, sino en el gran contexto del escenario mundial, sobre todo entre los países del hemisferio y las potencias europeas.

La segunda es la abundante documentación, obviamente basada en extensas y minuciosas investigaciones.

La tercera y más poderosa es como la historia toma matices diferentes, dependiendo de su redactor y los intereses y pasiones que le revisten.

Esto último, lo de las interpretaciones de una historia acomodada a intereses, es una inquietud que tengo desde que investigué con mayor profundidad acerca de Tomas Bobadilla, otro prócer cuyo famoso documento, Manifiesto del 16 de enero del 1844, me provocara iguales inquietudes.

Sin dudas, la historia es escrita según los intereses de la pluma que redacta.

Esto se vive a diario en nuestros medios, cual que sea, acomodando noticias e ideas para convencer y ganar simpatías sin que necesariamente se tenga la verdad como norte, o al menos, sin tanta subjetividad motivada para beneficiar intereses particulares.

Por ello siempre es más conveniente ver los dos lados de una misma moneda.