Buen sastre
Mientras escribo esta columna al agonizar marzo, el presidente Abinader se apresta a recibir en el Palacio Nacional a dirigentes de los industriales y comerciantes, para coordinar cómo lograr estabilidad de precios y garantía de abastecimiento de alimentos, productos y servicios básicos, por la excepcional situación de la guerra en Medio Oriente.
Afortunadamente hay experiencia, pues su primer éxito como estadista fue su excelente manejo de la crisis por la pandemia y el inicio de la guerra en Ucrania.
El Gobierno ha enfocado su defensa de la población más vulnerable mediante un abanico de subsidios cuyo peligro es que son indiscriminados y al parecer permanentes, algo insostenible fiscalmente, especialmente con los combustibles y la energía eléctrica.
Quizás algún empresario se atreva a sugerir que en vez de subsidiar el consumo, la economía responde mejor cuando se estimula la producción.
Tras conversar con los empresarios, a los líderes de la oposición hay que ponerlos en igual compromiso que cuando apoyaron la política exterior de Abinader por la crisis haitiana.
Los asuntos de Estado son demasiado serios para disparatar, como un economista opositor que sugirió eliminar los impuestos a la gasolina y el gasoil, dizque para abaratar los precios. Locuras similares que agitan a la población, con más gadejo que interés patriótico o de oposición seria, son una deslealtad al país y muestra de galloloquismo al cubo.
Leonel sueña con sus enllaves Chávez, ido a destiempo, y Maduro, podrido en Nueva York, cuya generosidad conoció bien por sus ayudas petroleras.
Danilo habla de inflación de un 80 %, imposible inicio de un diálogo serio. La politiquería populista no cabe donde se habla del destino del país. Gracias a Dios, Luis es buen sastre y ojalá que sus medidas entallen bien a la patria.
