Barbaridad
Los crímenes impunes por los motociclistas sindicalizados han culminado con el asesinato en plena vía pública de un chofer de camión de basura en Santiago.
Nada conmueve suficientemente a la opinión publica ni a los fiscales para echar un San Antonio y vocear ¡basta ya! Deivy Abreu, de 40 años, tras una imprudencia de un motorista que se le atravesó mientras transitaba, fue perseguido por una gleba de sindicalistas del motoconcho que lo mataron a cuchilladas como si fuesen una manada de hienas o perros salvajes.
El crimen fue grabado por testigos. Deivy gritó pidiendo ayuda a un destacamento de Policía y a los vigilantes del Palacio de Justicia, que desalmadamente incumplieron su deber de protegerlo de sus asesinos. Una crónica es espeluznante: “al descender del camión, los motoristas lo atacaron con cuchillos. Lo hirieron mortalmente.
Aún con vida, resistió y pedía ayuda. Personas presentes no intervinieron, pero grabaron lo ocurrido. En varios videos, se ve a Deivy desesperadamente voceando, ‘me quieren matar. En el camino me atravesaron un motor, está grabado.
Paré en el cuartel y no hicieron caso. ¡Ay Dios, me estoy desangrando! Dios mío, en el nombre de Jesucristo, tú sabes que no hice nada malo; fueron ellos que me siguieron para matarme. Perdóname Señor, en el nombre de Jesús’, dijo Deivy con su último aliento…”.
Es difícil amar o defender un país donde policías, fiscales, autoridades y políticos temen al poder de unos greñuses analfabetas que imponen su terror impunemente, desde crear caos en el tránsito y burlar toda legalidad hasta matar. Hay que aplicar implacable macana legal a estos asesinos y sus aupadores y si no, entregarles el poder e irnos todos, sea a otro país ¡o p’al carajo! ¡Cooño!
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