Después de seis años de atenerse a las reglas, el jefe del banco central de México está dejando de lado su imagen ortodoxa.
Agustín Carstens pasó de ser un predecible imitador de la Fed a ser el comodín de Latinoamérica cuando el Banco de México sorprendió a los mercados la semana pasada al aumentar en forma inesperada las tasas de interés en medio punto porcentual en una reunión no programada de la junta.
Los operadores ahora apuestan a que Carstens seguirá subiendo los costos de endeudamiento, incluso si la Reserva Federal no lo hace, lo que enviaría la brecha entre las tasas implícitas de Estados Unidos y México a una máxima de dos años.
“Fue una estrategia audaz”, dijo Mike Moran, director de investigaciones económicas para las Américas de Standard Chartered Plc en Nueva York.
“Está rompiendo con las normas anteriores para poder alcanzar sus propósitos”.
Durante el año pasado, los responsables de las políticas, entre ellos Carstens, habían dicho en varias ocasiones que subirían los costos de endeudamiento cuando lo hicieran sus homólogos estadounidenses en un intento por evitar que el peso se devaluara aún más al preservar la ventaja de la tasa de interés de México.