Ayudemos al “General”
Ayudemos al “General Larguito”. Se lo merece. Él ha sido un intérprete de los sentires y la cultura de su pueblo. Inteligente, creativo, de un estilo musical tan suyo que, como en los casos de “Guandulito” y el “Negrito” Figueroa, no hay forma de imitarlo.
Muchas de sus interpretaciones cargadas de buen humor y jocosidades se han convertido en verdaderos himnos de las fiestas típicas.
Me duele la situación del “General” de la música y lo más que quisiera es verlo recuperado y repartiendo alegría entre sus semejantes. Primero que a “Larguito” yo conocí a sus padres. Doña Antonia de la Cruz y Daniel Santana Guzmán, un diestro acordeonista que cuando era yo un adolescente, él andaba ya en boca de la fama por allá, por la costa arriba. Le decían “Niño Tillá” y “Niño Guzmán”, santiaguero, pero con su andar por los campos del norte se hizo famoso en toda la región. Como acordeonista y como arreglador de acordeones.
Lo conocí estando él mi campo, de visita donde su colega Bolo Henríquez, el papá de Julio, de Saco y de Tatico Henríquez.
En mis investigaciones sobre los personajes del merengue típico busqué por mucho tiempo a don Niño, cuarenta años después de haberlo conocido lo encontré en el barrio Los Ríos, ya gastado, casi ciego y sin acordeón. Me conmovió aquel cuadro.
Hablé con Rafael Corporán de los Santos, quien le regaló un acordeón, y le devolvió la música y el canto a un ruiseñor. Don Niño murió seis meses después y se le enterró con música, como era de ley en la despedida de un merenguero de su talla.
La amistad se prolongó a “Larguito” y en una ocasión en que el hermano Eduardo Martinez lo trajo a mi programa, le prometí al “General” diligenciarle una pensión del Estado. No es elegante andar propagando lo que uno hace, pero debo decir que hablé con mi apreciado amigo el doctor Leonel Fernández, y este le otorgó la pensión debida.
Hoy el “General” necesita más ayuda y acudamos al lado de ese artista hijo de su pueblo. Al “General” le agradezco el merengue que compuso en mi honor.
Rafael Chaljub/ es hombre feliz/ pero sin Dulcita/ no puede vivir/. Démosle otra mano generosa al “General”, con la esperanza de que supere este mal momento y vuelva a darnos su música y su alegría.
