¡Ay, comunicadores!

José Báez Guerrero
José Báez Guerrero

Este desacreditado oficio que ejerzo desde hace 47 años, el periodismo, es de los más recientes géneros de la literatura pese a que Lucas, médico y compañero de Pablo, es considerado un precursor bíblico de dar noticias, por su libro de los Hechos de los Apóstoles.

El periodismo, mal llamado profesión, es uno de los pilares de las sociedades democráticas con imperio de la ley y debido proceso. Sabemos que consiste en conseguir, verificar y difundir informaciones que afecten o interesen al público e interpretarlas mediante análisis u opiniones, a través de medios escritos, auditivos, visuales o plataformas digitales.

Ningún ciudadano puede cumplir cabalmente sus obligaciones cívicas ni tomar decisiones informadas cuando la prensa incumple sus deberes o se corrompe.

Este reciente género que se nutre de realidades –digo casi nuevo porque el poema sumerio de la épica de Gilgamesh data de unos tres mil años antes de Cristo— ha sido extrañamente una prolija cantera de escritores de ficciones, sean cuentos o novelas o guiones para teatro o cine.

Pero a lo que quería referirme desde el principio antes de deambular por la castigada Tierra Santa y Babilonia, es que tomé como un insulto involuntario que una señora me calificara como comunicador. ¡Hostias! Lo difícil que es honrar la tradición periodística para bajar de peldaño tan penosamente. Mi bella golden retriever Peppa también comunica muy bien.

No sé, pero esta historia de contar hechos u opinar ha cambiado tanto que mejor que me digan comunicador y no artista urbano.