Aunque usted no lo crea
El poder ciega, enloquece, sube los humos y delirios de grandeza.
Es una realidad que observamos los dominicanos desde hace tiempo.
Si repasamos la historia, vemos como Buenaventura Báez y Pedro Santana se constituyeron en verdaderos “comehombres”, producto del “limpiasaquismo” de la mayoría de la sociedad.
Con Lilís y Trujillo las cosas se tornaron más dramáticas, al punto de que a éste último lo comparaban con el Supremo.
Recuerden que no había una casa donde no se enganchara un retrato del Jefe y un volante que decía: “En esta casa Trujillo es el Jefe”, y si había que agradecer, se daba “ gracias a Dios y a Trujillo”.
Esa cultura no ha sido erradicada en ningún sector de la vida nacional.
En la medida que se logra algún poder, aunque sea transitorio, ahí comienzan las alabanzas de los que en busca de alguna ayuda, encumbran por las nubes a cualquier pelafustán, que llega al cargo por obra y gracia de un político amigo, o por la compra del voto a los más depauperados económicamente.
En deportes, aunque usted no lo crea, ya es una mala costumbre, con el único objetivo de lograr apoyo para montar un evento.
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