Ataque de EE. UU. e Israel y la violación al derecho internacional
No existe una base jurídica válida que justifique el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, el 28 de febrero de 2026, por lo que fue una violación clara de la Carta de las Naciones Unidas y otras normas del derecho internacional.
La legalidad del uso de la fuerza entre Estados se rige por la Carta de la ONU y sólo hay dos excepciones que lo permiten: que el Consejo de Seguridad lo autorice y que sea en legítima defensa, individual o colectiva, tras sufrir un ataque armado. Ninguna de estas dos condiciones se cumplió en el ataque del 28 de febrero.
Tras quedarse sin argumentos, entre ellos el que Irán estaba muy cerca de tener un arma nuclear, Donald Trump en EE. UU. ha tratado de justificaron sus acciones como un ataque "preventivo", porque según su percepción Irán iba a atacar antes; sin embargo, esta justificación se derrumba al analizar los requisitos del derecho internacional.
Por otro lado, la Carta de la ONU, en su artículo 2(4), prohíbe el uso de la fuerza contra la "integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado". Un ataque con el objetivo declarado de lograr un "cambio de régimen", como sugirieron las declaraciones de líderes estadounidenses e israelíes, es una violación aún más grave de este principio fundamental de soberanía y no intervención .
El secretario general de la ONU, António Guterres, declaró explícitamente ante el Consejo de Seguridad que los ataques violaban el derecho internacional y la Carta de la ONU, ya que al no darse las condiciones para la legítima defensa (art. 51) ni existir mandato del Consejo de Seguridad, el ataque constituye una violación directa de la prohibición del uso de la fuerza (art. 2.4) y del principio de solución pacífica de controversias (art. 2.3).
Las violaciones de derecho internacional en este conflicto va mucho más allá de la Carta de la ONU, ya que esos ataques han desencadenado una serie de transgresiones graves, especialmente en el ámbito del derecho internacional humanitario (DIH) y han afectado principios de soberanía con implicaciones para el derecho del mar.
El DIH, que rige la conducta de las partes en un conflicto armado, se ha visto gravemente vulnerado, principalmente por los ataques que no distinguen entre objetivos militares y civiles. El caso más atroz fue el bombardeo de una escuela en Irán, donde murieron casi un centenar de niñas.
Mientras la mayoría de los países del mundo plantean un nuevo orden global basado en los principios de coexistencia pacífica, el fortalecimiento de las instituciones de diplomacia multilateral y el derecho internacional, EE. UU. propone el camino contrario, que se imponga la ley del más fuerte y eso es inaceptable si queremos seguir existiendo como civilización.
Antes de que sea demasiado tarde, debemos convocar a un diálogo global y a una nueva declaración de las Naciones Unidas, 84 años después, porque la alternativa es darle la razón a Thomas Hobbes de que el hombre es un lobo para el hombre y, por tanto, la destrucción de la raza humana.
