Asuman el reto
Tapar el sol con un dedo ha sido la especialidad de mucha gente, tomando como un hecho real que los demás son sordos, ciegos y mudos.
Hay proyectos que se caen de la mata, y a pesar de que su prioridad está a la vista de todos, nadie se da por enterado, haciéndose pasar por “tontos”.
La denuncia de Juan Francisco Puello Herrera de que el país no cuenta con estadios de béisbol en condiciones, es una verdad más grande que la bolita del mundo del Centro de los Héroes.
El estadio Quisqueya es un macizo de concreto con 60 años, que ya no soporta más parches y reparaciones, aparte de que todo su entorno es una desastre de grandes proporciones.
Cuando se construyó la capital tenía unos 200 mil habitantes, pero hoy su población supera los tres millones.
Ahora, ¿quien asumirá los costos de una obra de esa naturaleza? En la mayoría de los países las ciudades construyen estadios, pero aquí lo ideal sería que carguen con el costo, en igual proporción, el Estado y los dos equipos que accionan en el béisbol profesional.
En 2005, el Gobierno, por intermedio del Banco Nacional de la Vivienda (BNV), anunció un préstamo con un banco de Portugal para construir en esos terrenos un proyecto denominado “Beisbolandia”, que incluía un estadio, hoteles, restaurantes y centros comerciales.
Ese proyecto se fue a pique, y el estadio Quisqueya y sus alrededores siguen cada día más deteriorados, con construcciones que no van acorde con ese tipo de obras.
¿Quienes se atreven a invertir para que Santo Domingo tenga un estadio de béisbol acorde a los nuevos tiempos? Esa es una tarea difícil, por no decir imposible, dado que aquí los que están en ese negocio quieren que las cosas les caigan del cielo.
Pero si los responsables de ese negocio que es el béisbol profesional quieren instalaciones modernas, tienen que hacer un sacrificio de bolsillos similar al de las mujeres con moños malos, que hasta soportan peines calientes para exhibir una cabellera llamativa.
