José Báez Guerrero
José Báez Guerrero

La primera vez que tomé conciencia de cómo muchos dominicanos manifestaban su caduco izquierdismo y la efectividad de los activistas castristas, fue durante los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados aquí en marzo de 1974.

El público vitoreaba y aplaudía más a los cubanos que a los dominicanos, apenas un año tras la fallida guerrillita de Caamaño que salió de Cuba y el terrible ambiente de violenta confrontación política como parte de la guerra fría entre las democracias de Occidente y los comunistas apoyados por la URSS y Fidel.

Aplaudían, pero preferían emigrar a Nueva York y no a La Habana o Moscú. Con muy disminuida fuerza y número, los frustrados castristas criollos muestran hoy su lealtad, agradecimiento o compromiso con la septuagenaria dictadura cubana, al protestar contra la expulsión de nueve funcionarios de la embajada de Cuba, por motivos no revelados oficialmente, en procura de “mantener las relaciones diplomáticas”.

El grave incidente ocurre tras otros juegos aquí recién terminados muy exitosamente, durante los cuales atletas cubanos solicitaron asilo político para escapar al miserable fracaso castrista. Tras la inaceptable conducta motivadora de la justificada expulsión de sus agentes, el Gobierno cubano insultó al dominicano acusándolo de servilismo y subordinación ante Estados Unidos, imputación ridícula dada la dependencia casi absoluta de Cuba de su antiguo titiritero, la URSS y Rusia, su dramáticamente concluido secuestro de Venezuela y la esperada implosión de su devastada economía y falta de libertades democráticas.

La simpatía recíproca y afinidad entre los pueblos dominicano y cubano posee raíces tan firmes que ningún gobierno de uno u otro país ha logrado malograrlas. Igual o mayor identificación existe entre Estados Unidos y Santo Domingo: somos socios comerciales, aliados estratégicos y compartimos valores comunes, como la libertad, el imperio de la ley y la democracia. (¡Y Alofoke!).

Los desvergonzados castristas criollos merecen irse a Cuba para apoyar allá -y no aquí- ese paraíso proletario mientras sus multimillonarios jefes dan sus últimos coletazos.

Sobre el autor

José Báez Guerrero

Abogado, periodista y escritor dominicano.