Arqueología del depósito

Wilfredo Mora NUEVA
Wilfredo Mora

Tanto la antropología como la arqueología no se ocupan de individuos, sino de grupos humanos. Con frecuencia se escucha la expresión de “la verdadera arqueología”. La respuesta, desde luego, no está en la Ley 318 sobre Patrimonio Cultural, que abarca aspectos relacionados a la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos de la nación dominicana.

Igualmente, el concepto de arqueología del depósito, desde una perspectiva profana, se refiere a cómo las acumulaciones de materiales, artefactos, sedimentos, sirven para entender los procesos arqueológicos, que buscan determinar cómo esos objetos llegaron allí, y cómo se formaron. Pero, eso no es todo. Existe un concepto más amplio, y no sólo la estandarización de los procedimientos habituales de la conservación, registro y documentación del patrimonio arqueológico.

Los pasados eventos del mes de febrero, sobre la excavación de Azua, cuyo propósito es “encontrar los huesos de Enriquillo”, a secas, debe movernos a considerar la experiencia de lo que realmente significa esa “verdadera arqueología”, y la puesta en valor de los materiales encontrados para su estudio y difusión.

No se concibe un proyecto arqueológico para encontrar un “individuo”, sino para estudiar el pasado de una etnia, a partir de todos los restos materiales, con lo cual se puede recuperar información sobre la vida humana pasada, el contexto de los hallazgos y lo que indica, de manera directa o indirectas, con sus habitantes; aunque, en general, la misión de la arqueología es la reconstrucción científica de la historia del lugar, y de su población.

Una verdadera arqueología del depósito se refiere al manejo apropiado e integral de las colecciones bioantropológicas y patrimoniales para que sean parte del museo, de los institutos antropológicos y de la docencia universitaria, que es donde se discute la investigación arqueológica y se crea una cultura científica del acervo cultural encontrado hasta el momento.

Los “bienes arqueológicos” no sólo están ahí, en los museos y en otras instituciones de investigación antropológica, como parte de una política arqueológica de Estado, están ejemplificadas a través de proyectos, de programas centralizados en las distintas áreas temáticas de la arqueología.

Contrariamente, una triste realidad, coexiste en el Museo del Hombre Dominicano (MHD) y el Instituto Dominicano de Investigaciones Antropológicas (INDIA); el primero, posee muy pocas colecciones arqueológicas, que resultaron del legado de arqueólogos dominicanos del pasado, de donaciones, o de manera externa; el segundo, de las mismas razones, pero sin aportar ningún desarrollo en la formación de la antropología física.

El uno, pasivo; el otro, actualmente es una institución cerrada, y sin funciones. En ambos casos, la tendencia es disminuir el depósito arqueológico.

La arqueología del depósito es un área de trabajo muy particular. No sólo se basa en la utilización de la antropológica física, que es la base de donde surgen los materiales culturales, sino que la antropología oficial tiene que estar acompañada de una metodología que le permita a los antropólogos ser docentes mientras investigan, y que el contexto institucional se acompañe de proyectos, programas y centros de estudios de conservación, de restauración de dichos bienes patrimoniales.