Al parecer el “truco” es algo inherente a la vida misma, a la cotidianidad del dominicano, no como un juego de barajas; sino como una “malicia” o parte de una “intención solapada, de ordinario maligna o picante, con que se dice o se hace algo”.
Ocurre que aquí no vemos el truco como “un juego de naipes”, sino que este se asocia a habilidades que a veces se utilizan hasta para delinquir.
-“La gente aquí prácticamente vive de trucos, eso no se ve, pero es verdad”, se ha afirmado en corrillos y conversatorios.
En el argot popular, el truco es igual a patraña, engaño, perversidad, malignidad. La realidad, sin embargo, es que se trata de un juego que, según afirman algunos, “se remonta a los árabes del siglo XV”, mientras otros definen el truco como “un popular juego de naipes de origen español, arraigado en la cultura popular argentina y uruguaya (así como otras naciones sudamericanas y España) que combina estrategia, engaño y mentira para ganar”.
“El nombre –según Wikipedia-es de origen árabe (truk o truch) y algunos lingüistas creen que es el origen etimológico de la palabra truco, debido precisamente a los ardides que se emplean en este juego”.
¿Truco o engaño?
En el país no se habla del truco como un juego. El término, en nuestro terruño, está ligado íntimamente al engaño, la expoliación y a veces hasta a la vil estafa. ¿Somos una casa de trucos? En conversaciones entre amigos, entre contertulios, casi siempre sale a relucir, y se aborda -a veces con jocosidad-, el tema de los “trucos”.
–“Aquí todo el mundo tiene su truco”, se subraya de manera inapelable. “Todo el vivo en este país, menos los políticos, es truquero”. Ya la gente no atribuye este mote a los políticos, entienden que estos están en un rango superior, que han alcanzado una mayor capacidad para el engaño y la ilusión. Ahora son considerados magos, predigitadores, embaucadores.
El gobierno, periodistas, médicos, abogados, ingenieros, etc. también tienen sus trucos, precisan. Los trucos más comunes se registran entre las parejas de novios, de esposos, etc.
En la cotidianidad, el “truco” se utiliza también como mecanismo de defensa, al que apelan algunos ciudadanos para sobrevivir en este medio hostil. Otros utilizan el truco para despojar de bienes a sus congéneres y así enriquecerse a expensa de la falta de habilidades de los otros.
La utilización de trucos se ha erigido como algo normal, un atisbo propio de “aplaudidas destrezas” que poseen y exhiben algunos ciudadanos, a los cuales la sociedad considera “duchos” por sus facilidades para superar a los demás en sus relaciones de negocios, empresariales, profesionales.
Se les conoce también como “habilidosos” y son exaltados tal cual “personas inteligentes”. Pero no es cuestión de conocimientos, no se trata de táctica y estrategia, simplemente son personas que tienen y manejan “mañas” que usan para superar problemas y lograr sus objetivos.
-“Para algo yo estudié”, dicen para sí mismo unos y otros profesionales cuando deciden violentar, ignorar la ética del oficio para así agenciarse mediante métodos truqueros beneficios adicionales.
Pero ¿cuáles profesiones u oficios recurren más a los trucos en sus prácticas competitivas? Se impone establecer en la actual coyuntura, no solo las profesiones más truqueras, sino también, cuáles parámetros truqueros son los más utilizados por profesionales y hasta por ciudadanos comunes y corrientes.
¿No mencioné a los mecánicos?
Resulta que en una amena conversación entre viejos amigos salió a relucir el tema de los truqueros, y entre risas y chistes los presentes acordaron hacer una lista al respecto, no sin antes establecer un orden en la jerarquía de los trucos y de las profesiones más truqueras.
Se hizo referencia por ejemplo a que los mecánicos son los reyes de los trucos, que estos tienen y manejan siempre sus trucos; pero están, asimismo, los plomeros, las gasolineras, los venduteros de las calles (vendedores de cereza, aguacate, plátano, etc.).
Los colmados, ni decir. Igualmente, citaron a los supermercados, los médicos, “los curanderos”, los ingenieros, los peloteros, los ebanistas, los coqueros, vendedores de frutas, choferes, los vendedores a través de Internet, las peluqueras, choferes de instituciones del Estado, tricicleros, los compradores de hierro viejo, aluminio, los Uber y taxistas.
También usan trucos en sus intercambios y servicios los periodistas, los fotógrafos, los restaurantes y los recolectores de basura de los ayuntamientos. Igualmente, los vendedores en los mercados, los empleados públicos, los supervisores de obras del Estado, los inspectores y supervisores medioambientales, los inspectores de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII), los evasores de impuestos, funcionarios, los técnicos de distintas ramas, los dirigentes sindicales, los trabajadores de construcción de viviendas y otras obras, los comerciantes, los importadores, las operadoras de servicios de telecomunicaciones, las llamadas “barras”, “fondas”, las “cabañas”, hoteles y negocios de comida rápida.
Se destacan como truqueros, asimismo, los vendedores de miel de abeja, así como las industrias productoras de cervezas y rones.
¿Generadores eléctricos y telecomunicaciones?
A los canjeadores de dólares hay que sacarles su “comida aparte”. Igual a los generadores de electricidad y a las prestadoras de servicios de telecomunicaciones, a los importadores de vehículos y dealers, las financieras, los bancos comerciales, “los chiperos” o extorsionadores a través de redes sociales, los joyeros y las joyerías.
Las casas de empeño (compraventa), los panaderos, los embotelladores de agua para consumo humano, los usuarios de servicios eléctricos, los negocios inmobiliarios, los que “leen las barajas”, los “descuiditas”, los juegos de loterías, las bancas, las tiendas y restaurantes chinos.
Los productores agrícolas, los ganaderos y otros productores no son ajenos a los trucos, si no los aplican en la producción, lo hacen utilizando fertilizantes o químicos que no están permitidos, en la comercialización y hasta en las alteraciones de sus productos.
Por lo que observamos, casi todos los profesionales, los oficios y negocios tienen y validan su accionar en trucos. A veces estos se aplican para auto protegerse y para obtener ganancias extras por encima de las normales, pero casi siempre en perjuicio de los demás.
La situación debe ser motivo de alarma y preocupación ciudadana. No es posible que en un país todo el mundo se sustente en trucos o formas ilícitas para obtener ganancias, muchas veces sin importar los daños que puedan causar, sus quehaceres del día a día.
El tema a debate
Nos parece que el tema debe ser motivo de estudios especializados. Los versados de la conducta humana tienen que tomar el control de la situación. Los psiquiatras, psicólogos, orientadores, sociólogos y hasta historiadores deben estudiar a fondo las causas de esta conducta colectiva, avariciosa, que está muy arraigada y que prácticamente se ha normalizado en la sociedad dominicana.
No se concibe que el grueso más activo de la población esté programada para “vivir de trucos en trucos”. Llama poderosamente la atención que el accionar cotidiano de toda una nación se cimente a partir del cálculo oprobioso de los trucos, o mejor dicho, salir a buscarla pensando sobre cómo engañar a los demás.
¿Es que llevamos el truco en la sangre? ¿Está en nuestra genética y nos brota una vez comenzamos a realizar alguna actividad?
Políticos truqueros o magos
Aunque se admite lo generalizada que está la práctica truquera en el país, hay quienes apartan de esto a los políticos, ya que según afirman: -“Todo el mundo tiene su truco, menos los políticos; éstos no usan trucos, utilizan magias para embobar a miles, millones de ciudadanos con promesas que saben que no van a cumplir, pero saben, sin embargo, que la gente como quiera se desborda a las urnas a votar por estos, acuden a adular a reconocidos “amigos de Pinocho”. El truco se disfraza entonces de “táctica y estrategia”, pero truco al fin.
En este orden de cosas, sugerimos que los sociólogos, psicólogos, psiquiatras y demás profesionales pongan en su agenda el estudio científico de este fenómeno, del uso abusivo de los trucos como algo normal del dominicano, ricos y pobres, profesionales y sin fin formación académica.
Se debe, a partir de sus investigaciones, establecer políticas educativas que nos ayuden a superar este mal que, aunque no se vea así, nos causa un problema serio de credibilidad, primero como individuos, y después, como país, como nación.
Debemos asegurarnos de que cualquier extraño que nos visite y desee asentarse a invertir aquí, no tema ser víctima de trucos. No debemos dar lugar a que un extranjero piense, ni siquiera una vez, que le vamos “a salir con un truco”.
No se trata de juego de barajas españolas o argentinas, aquí los trucos son conductas de engaños que nos hacen muchos daños, sin que nos demos cuenta.