Apuntes sobre mi viaje
Hay momentos que confirman la intuición. La pasada semana realicé un viaje de trabajo a la capital de la República francesa y a la española. En París y Madrid confirmé que la República Dominicana ha dejado de ser únicamente receptora de la cultura global para convertirse en interlocutora activa, en referente de gestión cultural y en exportadora genuina de su propia narrativa. El mundo, con creciente interés, nos observa y lo hace con atención.
París: gran casa de la cultura
Nuestro primer punto de agenda sucedió en la sede de la UNESCO. Participé como orador principal en la decimotercera edición de la Semana de América Latina y el Caribe. Un foro en el que la región se piensa a sí misma desde sus propias voces y reclama su lugar en el concierto universal de la cultura. Hacer uso de la palabra fue un acto fundamental para proyectar la presencia y valores de la dominicanidad. Afirmamos, ante la comunidad internacional de la cultura, que la República Dominicana tiene nuevas perspectivas que ofrecer, experiencias que compartir y una política cultural que desde sus tradiciones, diversidad y las actuales tendencias tecnológicas, merece ser escuchada.
En ese mismo marco, sostuve un encuentro de alto nivel con Khaled El-Enany, Director General de la UNESCO, donde abordamos temas de nuestra agenda conjunta como, por ejemplo, el gran proyecto que desarrolla el gobierno del presidente, Luis Abinader en la Isabela histórica, denominado: La ruta del encuentro; además, discutimos los avances del proceso de recuperación y reacondicionamiento de las Cuevas del Pomier, entre otros tópicos vinculantes a la delegación dominicana. Es importante resaltar, en palabras del propio director general, que la República Dominicana ha logrado un consolidado liderazgo entre los pequeños Estados insulares.

Otros encuentros parisinos
La agenda incluyó una pormenorizada reunión de trabajo con la delegación dominicana ante la UNESCO. Junto a la embajadora, Larissa Veloz, y su entusiasta equipo, pasamos balance sobre el estatus de las acciones que iremos ejecutando en el corto y mediano plazo.
Sostuve un provechoso encuentro en el Centre des Monuments Nationaux (Centro de monumentos nacionales), una institución pública dependiente del Ministerio de Cultura de Francia. Creada en 1914 y financiada por el Estado, conserva, gestiona y abre al público más de 100 monumentos diseminados por toda la República francesa. Esta eficiente estructura cultural recibe cada año a más de once millones de visitantes.
También me entrevisté con las autoridades del Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas (Inrap, por sus siglas en francés). Esta institución es encargada de evaluar, estudiar y preservar el patrimonio arqueológico antes de la realización de obras públicas o privadas. Para nosotros, es de inestimable valor capacitar las funciones de arqueología preventivas para una aplicación oportuna y adecuada.
En ambas reuniones, el propósito fue el establecimiento de mecanismos de cooperación, transferencia de conocimiento y formación especializada para fortalecer la gestión de nuestro patrimonio histórico y arqueológico.
También la literatura
Los aspectos de vocación literaria también formaron parte de mi portafolio de actividades en la ciudad luz. Participé como orador en una mesa redonda junto a tres novelistas franceses que comparten una singularidad reveladora: el trío ha elegido la República Dominicana como escenario narrativo de sus obras. Catherine Bardon, Frédérique Deghelt y Catherine Pelage han construido mundos de ficción en nuestra geografía e historia; utilizan el alma dominicana como base conceptual y materia prima.
Que escritores franceses encuentren en nuestra isla el paisaje moral y físico en su planteamiento imaginativo es un dato relevante. Catherine Bardon manifiestó en su intervención, que ha hecho de Samaná uno de sus lugares recurrentes, donde disfruta de su encanto paradisíaco y, sobre todo, de la hospitalidad y calidez de su gente.
Queda plasmada la evidencia de que la República Dominicana ha penetrado en la sensibilidad literaria europea, no solo como curiosidad exótica, sino como territorio humano complejo, rico en contradicciones, belleza y drama.
Madrid: entre feria,
libros y editoriales
Una de las citas editoriales de mayor nombradía en Hispanoamérica, es sin dudas, la Feria del Libro de Madrid. Allí, en coordinación con la Embajada Dominicana ante el Reino de España, ofrecí una conferencia sobre nuestra Feria Internacional del Libro de Santo Domingo: sus logros, desafíos, ambiciones y la visión que orienta su próxima edición, prevista para el mes de septiembre.
Hablar de nuestra feria en ese escenario es colocarla en el mapa del debate literario internacional; es abrirle una ventana ante editores, agentes y lectores que configuran el ecosistema editorial en español.
Madrid también fue el escenario de un encuentro de especial significación, junto a escritores dominicanos radicados en España, con autoras dominicanas que visitan la feria y con editoriales españolas que están publicando a autores dominicanos. Este intercambio se constituyó en un ejercicio de escucha esencial sobre inquietudes, necesidades y nuevas ideas en la búsqueda de fortalecer la oferta intelectual y literaria de nuestros exponentes.
La diáspora dominicana no solo trabaja y remite divisas; también escribe, publica, gana premios y coloca el nombre del país en librerías fuera de las fronteras nacionales; estimularlas y promoverlas es nuestro deber.
Una experiencia reconfortante
Al preparar el regreso al país fui gentilmente atendido por un taxista llamado Julio Martín Santos, oriundo de La Vega, radicado en Madrid desde hace 12 años. Al reconocerme y reaccionar con entusiasmo, me habló desprovisto de timidez sobre su familia y el trabajo que le brinda sustento.
En el trayecto al aeropuerto y, con extrema ilusión, me comentó sobre la construcción de una vivienda que está realizando en su ciudad natal, me dijo: “aunque me tratan bien aquí (España), esto no es de uno, estoy aquí pero siempre con el deseo de regresar”. La laboriosidad y fuerza de espíritu de nuestros connacionales queda reflejada en cada una de sus actuaciones.
Las instituciones que visité, los foros en los que participé, los escritores con quienes dialogué, las editoriales que apuestan por nuestras voces, contribuyen con una sólida y robusta imagen del país. La cultura dominicana posee valores únicos, genuinos e irrenunciables.
El mundo nos observa; nos reconoce.