Apostemos por el gas natural
Declaraciones recientes del grupo de generación eléctrica más importante del país señalan al gas natural licuado (GNL) como el combustible del futuro, evidenciado por el anuncio de la construcción de la terminal de Antillean Gas, Ltd.
Este hecho se combina con el éxito logrado por AES en su terminal y central generadora de Punta Caucedo, el cual ha mostrado ser un suplidor confiable a precios competitivos en un formato de muy baja contaminación del medio ambiente.
La apuesta por el gas está basada, sobre todo en su precio en los mercados internacionales en relación a las unidades de energía que produce (BTU), término propio del ámbito técnico y física.
Sin adentrarnos en especificaciones, está comprobado que el crudo de petróleo y el gas natural tienen costos similares en términos de su contenido de energía, con la diferencia de que mientras el precio del crudo aumenta, el del gas ha disminuido, amén de los precios más baratos para el gas.
A nivel hemisférico, la situación se torna aún más atractiva, puesto que la producción de gas natural en los Estados Unidos está incrementándose, a la vez que se reducen sus importaciones de terceros países, convirtiéndose en productos de excedentes, aptos para los mercados internacionales.
Actualmente, la producción de este combustible aumenta al ritmo del 1% anual, con tendencias de incremento en la medida en que siga expandiendo la producción del llamado “shale gas” (gas pizarra o gas esquisto, enquistado dentro de bloques de rocas sedimentarias formadas a partir de materiales orgánicos).
Las posibilidades del uso del gas natural no se han de limitar solamente a la producción de energía eléctrica en las grandes centrales generadoras. El país debe abocarse a preparar un plan nacional de conversión de combustible, que incluya industrias, comercio y transporte. ¡Completemos la apuesta!
