El imperio o influjo del inefable voltícaro fuñéctrico en los negocios eléctricos estatales no ha bastado para desgraciar o conturbar a todo el sector, pues ayer leí que la más reciente licitación para la contratación de energía renovable al parecer ha concitado enorme interés.
Se espera que las autoridades decidan a fines de mayo a quién o quiénes asignarán contratos para la compra de 600 MW, en nuevos proyectos que incluyan !por fin! sistemas de almacenamiento de energía en baterías, para mayor estabilidad de las redes de transmisión y distribución.
La noticia coincide con la confirmación de que en 2025 a los contribuyentes nos costó ciento diez mil millones de pesos que el Gobierno subsidiara los precios de la electricidad mediante el fondo de estabilización de la tarifa facturada por las desastrosamente quebradas EDE. ¡Casi RD$60,000.00 por cada familia del país! Ese enorme costo de los subsidios, según algunos expertos, no es la única causa del desbarajuste de las EDE, sino sus crecientes pérdidas por continuada impericia gerencial, descontrol administrativo, gastos corrientes desproporcionados sin suficientes inversiones de capital y nóminas supernumerarias.
El evidente interés de inversionistas locales y foráneos por participar en los negocios de generación o en la venta de energía, mediante contratos con garantía del Estado, indica que el rescate de las EDE es posible si su gestión estuviera a cargo de un equipo capaz de inspirar similar confianza o hubiera expectativa del cese de recidivas de sus fracasos supinos.
Ojalá esta paradoja o antinomia, de dos verdades contradictorias que coexisten, haya sido uno de los temas de la reciente reunión ministerial para relanzar al Gobierno y reactivar la economía tras el slump del 2025.
Cuando un cáncer corroe cualquier organismo, si los tratamientos no funcionan es necesario extirpar el tumor de raíz para salvar la parte sana sin metástasis. Si una mala decisión la toma el paciente es un suicidio, pero si lo hace su médico es un homicidio por mala práctica.