Antes de conciliar una deuda: lo que debes analizar primero
En estos días conversaba con un amigo que atraviesa una situación financiera poco favorable. Me comentó que está enfrentando problemas económicos que ya no le permiten cubrir con holgura los pagos de sus compromisos.
Según me explicó, tiene varios productos en la banca nacional y, por ahora, se limita a pagar el mínimo para evitar caer en mora. Sin embargo, siente que no puede sostener esa dinámica por más tiempo, ya que se ha convertido en un círculo vicioso: aunque paga, su deuda prácticamente no disminuye.
Con frecuencia, aun sabiendo que su situación financiera es complicada aunque estén al día muchas personas no buscan negociar con los bancos. Esto ocurre por desconocimiento o por el temor de que esa gestión pueda afectarles más adelante.
Ante esta realidad, es importante analizar las dos conciliaciones más comunes en la banca nacional: los refinanciamientos y las reestructuraciones. Ambas son negociaciones diseñadas para facilitar el pago a personas con créditos, ya sea que estén en atraso o al día. Además, permiten unificar deudas con distintas tasas de interés, incluyendo productos como las tarjetas de crédito, que en el sistema financiero pueden alcanzar tasas elevadas, entre un 58 % y un 60 %.
Aunque los refinanciamientos y las reestructuraciones persiguen un objetivo similar —organizar las deudas para que el cliente pague una sola cuota en un plazo determinado y ajustado a su presupuesto— existen diferencias importantes entre ambos.
El refinanciamiento aplica para clientes que están al día, pero cuya situación financiera proyecta dificultades para continuar cumpliendo con sus obligaciones en el futuro cercano.
En cambio, la reestructuración está dirigida a clientes que ya presentan atrasos; aunque el acuerdo les permite regularizarse, su clasificación crediticia puede mantenerse en categoría B.
Por eso, si percibimos que nuestra salud financiera se está deteriorando, aunque estemos pagando el mínimo, es fundamental buscar alternativas como el refinanciamiento de manera oportuna. Dejarlo para después puede generar mayores complicaciones y afectar negativamente el historial y el puntaje crediticio.
